Los 10 directores más prometedores de 2020

Casi sin darnos cuenta, ha pasado un lustro desde que escribimos una serie de artículos repasando las figuras del mundo de la dirección cinematográfica que más expectativas nos generaban respecto de sus futuras obras (aquí podéis releer los textos sobre el 2005, 2010 y 2015 respectivamente). Así que nos encontramos en la tesitura de repetir el ejercicio, algo tan entretenido de explorar como difícil de fijar categóricamente.

De manera ideal, hubiéramos escrito este artículo durante los primeros meses del año, pero teniendo en cuenta lo arrítmico de los lanzamientos esta temporada, condenada a arrastrar la sombra del 2019 hasta el final, nuestro retraso no resulta tan dramático, y podemos asegurar sin apenas dudas que nuestras elecciones no hubieran variado de habernos puesto a ello antes de la primavera. Por primera vez, se repiten algunas figuras. La baja productividad de muchas elecciones pone a prueba nuestra paciencia. ¿Son éstos buenos o malos indicios sobre el panorama actual? Veamos en qué piezas tenemos puestas nuestras mayores esperanzas a día de hoy:

Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, Chile, 1929)

A su provecta edad, el personaje inclasificable que es Jodorowsky todavía hace gala de una energía encomiable. En 2016 terminó la segunda parte de su autobiografía fílmica, Poesía sin fin, que nos pareció completamente arrebatadora, aún en comparación con la estupenda La danza de la realidad (2013). En este periplo que nadie sabe si podrá terminar, nos ha hecho una finta dedicando los últimos tiempos a un documental sobre su invento estrella, la psicomagia. Mientras tanto, nosotros esperamos en ascuas la tercera parte de un viaje que en su concepción debía durar cinco películas, y que cumple sin duda el principio sanador que el autor se propone.

David Robert Mitchell (Clawson, EE.UU., 1974)

El estadounidense pasó de ser un desconocido total a una figura a seguir por los aficionados al género fantástico tras su segunda película, It follows (2014). Pero si algo ha hecho que lo coloquemos en nuestra lista de seguimiento, ha sido el quiebro que dio hace un par de años con Lo que esconde Silver Lake (2018), una película inclasificable que no sólo confirmaba su talento tras la cámara, sino su inventiva, amplitud referencial y capacidad para romper las expectativas. Lo que vendrá luego, nadie lo sabe, y eso sí que es fantástico.

Harmony Korine (Bolinas, EE.UU., 1973)

Cuando parecía que Korine nos tenía abandonados (ocho años hace ya de Spring Breakers), reaparece con otra muestra de su personal universo, The Beach Bum, que continúa la estela de la anterior, y a la vez sigue sin parecerse a nada que hayamos visto en otra parte. Él es lo más cerca que estamos de hacer trampa en esta lista (aunque es de 2019, no pudimos ver la película hasta marzo), pero The Beach Bum nos confirma que seguiremos esperando con el mismo entusiasmo lo que haga a continuación, de la misma manera que hemos estado esperando los últimos cinco años.

Martin Scorsese (Nueva York, EE.UU., 1942)

Un veterano en el candelero. Scorsese siempre ha merecido que se le siga la pista, algo de lo que pocos pueden presumir, pero es que últimamente ha estado inmenso. Cuando todo el mundo recordaba todavía la imparable El lobo de Wall Street (2013), se va totalmente por la tangente y nos planta en las narices la densa y reflexiva Silencio (2016). A continuación, vuelve al mundo del crimen, abordado desde una óptica punzantemente crepuscular en El irlandés (2019). Dos ficciones este lustro, dos obras maestras en una carrera que no para de sumar y seguir. Y que dure.

Masaaki Yuasa (Fukuoka, Japón, 1965)

Descubrimos por primera vez al japonés Masaaki Yuasa con un corto al que todavía no asignamos nombre propio, Kick-Heart (2013). Y no fue hasta que identificamos aquel estilo inconfundible de nuevo en la arrolladora Night is short, walk on girl (2017), cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos topado con nuestro director de animación revelación de los últimos años. Cierto es que la filmografía de Yuasa no ha sido del todo regular (también nos ha dado, por un lado, la discreta Lu over the wall -2017- y, por otro, la encantadora El amor está en el agua -2019-), pero su marca personal hace que resulte una de las figuras más estimulantes que podemos encontrar en la actualidad, y un soplo de aire fresco para el mundo del anime.

Nicolas Winding Refn (Copenhague, Dinamarca, 1970)

Lo nuestro con Winding Refn es un poco de amour fou. Salimos completamente chiflados de The Neon Demon (2016), una película que tras rever nos sigue pareciendo su obra maestra. Pero tampoco podemos negar que su incursión en las series con Demasiado viejo para morir joven (2019) se acerca peligrosamente al onanismo -si es que no cae por momentos en él. Y aún así (cosa rara, porque solemos huir de los afectados) nos sigue chiflando. Y si nos dicen que lo siguiente que hace es un suspense en Tokyo, estaremos soñando con luces de neón hasta verlo con nuestros propios ojos.

Paul Thomas Anderson (Los Ángeles, EE.UU., 1970)

Durante demasiado tiempo habíamos obviado a uno de los pocos directores que pueden presumir de estatus de culto a mitad de su carrera. Anderson, otro creador de ritmos pausados, nos dejó este lustro únicamente con una película. Pero qué película. El hilo invisible (2017) nos impactó lo suficiente con su contenida y fría exhuberancia como para mantener el interés en el realizador hasta que (si todo va bien) el año que viene estrene nuevo largo. Por en medio, nos ha dejado un elegante videoclip con Thom Yorke, Anima, como tentempié.

Rian Johnson (Silver Spring, EE.UU., 1973)

Posiblemente el director del mainstream hollywoodiense más polémico de los últimos años, no se nos caen los anillos a la hora de defenderlo como uno de sus más valiosos activos. Y el motivo de todas las quejas sobre su persona, Star Wars: El último Jedi (2017), es la primera razón de peso para ello. No vale la pena seguir con debates bizantinos sobre esta pieza de la saga galáctica, que sin duda nos parece lo más interesante con diferencia de la nueva trilogía. Únicamente hace falta avanzar dos años, y encontrarse con la redonda Puñales por la espalda, para confirmar que se trata de un talento poco habitual en su entorno natural. En ascuas por ver si le dejan seguir en el universo warie.

Shinya Tsukamoto (Tokyo, Japón, 1960)

Somos admiradores irredentos del clásico del cine experimental que es Tetsuo (1989), y nos entusiasma ver que con los años Tsukamoto no da un paso atrás. Nos había dejado bastante en shock con la árida Fires on the plain (2014), pero nos atrapó por completo cuando en 2018 estrenó Killing. Todavía no hemos podido olvidar el impacto que nos causó y, por ello, pase lo que pase finalmente, iremos los primeros a ver cualquier cosa que saque adelante en los próximos años. Porque Tsukamoto, bendito sea, no toma prisioneros.

Yorgos Lanthimos (Atenas, Grecia, 1973)

Han tenido que empezar a co-producir al director de Canino (2009) para que nos atraiga de verdad. O tal vez le sentó bien juntarse con Colin Farrell. O la simple experiencia, que es un grado. El caso es que Lanthimos nos metió en su mundo al fin con Langosta (2015), nos dejó bastante patidifusos con El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), y nos entusiasmó con La favorita (2018). El ritmo de trabajo que ha llevado en los últimos años ha sido realmente intenso, y esperamos que la racha continúe.

¿Qué fue de ellos? (un repaso a los directores que no han continuado en nuestra lista por una u otra razón)

A veces una estupenda película no basta. Es lo que nos pasó con Baby Driver (2017) de Edgar Wright, un director a cuyos pies esperamos volver a caer rendidos en cualquier momento. Una vida a lo grande (2017) está llena de buenas ideas, pero lo último de Alexander Payne no fue ni de lejos tan redondo como sus anteriores películas. Lo mismo nos pasa con Alfonso Cuarón, que este lustro estrenó la alabada Roma (2018). El último intento de Jean-Luc Godard, El libro de imágenes (2018), también fue interesante, pero no nos apasionó como sí había hecho en su día Adiós al lenguaje (2014). La solvencia de James Wan no ha impedido que dejen de emocionarnos sus estrenos: nos falta algo que recupere la novedad tras sus secuelas de Fast & Furious (2015), Expediente Warren (2016) y el Aquaman de DC (2018). Por otro lado, no pudimos catar lo último de Peter Strickland, In fabric (2018), y ahí seguimos, esperando. Nunca ha dejado de interesarnos Richard Linklater -a Todos queremos algo (2016) nos remitimos-, pero lo ha tenido demasiado complicado para igualar el nivel que alcanzó en el anterior lustro. Finalmente, Apichatpong Weerasethakul hizo también un trabajo encomiable en Cemetery of Splendour (2015), pero posteriormente se ha vuelto poco menos que irrastreable; esperemos tener más suerte en el futuro…

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