Archivo de la categoría: Críticas

Crónica Sitges 2019 (IV): Descanso dominical

Continuamos a ritmo pausado, pero eso no quita que tengamos que madrugar para acercarnos a Koko-di koko-da. Suerte de sueño pesadillesco que explora el proceso del duelo (un tema que parece estar volviéndose bastante recurrente en el cine de género), Koko-di koko-da aboca a una pareja en horas bajas a repetir una y otra vez una salida al campo con un desenlace perturbador. La cinta consigue transmitir desazón, trae en sus momentos más oscuros recuerdos de Lynch, y cierra su círculo narrativo de forma interesante. Con todo, el bucle temporal que nos plantea no parece añadir muchas más capas en sus sucesivas repeticiones, y termina por restar impacto al conjunto. La salva el planteamiento seco, desasosegante, y una notable fuerza visual, pero no será una película que permanezca con nosotros durante mucho tiempo.

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Crónica Sitges 2019 (III): Figuras ocultas

Este año en Sitges los fines de semana son nuestros días light, extraño efecto fruto de la combinación entre las elecciones de programación y la dificultad para conseguir entradas de prensa durante los festivos. Así pues, aprovechamos el sábado para descansar un poco, y nos estrenamos con una apuesta personal, la modesta película argentina Breve historia del planeta verde. De enfoque minimalista, explica cómo una transexual viaja con un par de amigos al pueblo de su abuela al conocer de su fallecimiento, para descubrir que ésta ha estado cuidando de un extraterrestre ahora en estado de criogenización. Lo que puede sonar a un Almodóvar que ha estado probando sustancias nuevas es, sin embargo, un relato pausado, sin estridencias, que se dedica a acompañar a sus personajes en una road movie a pie en la búsqueda de un sentido más profundo. Y la cuestión es que se aprecian las buenas intenciones, pero los protagonistas, en su languidez, cuestan de creer como personajes vivos. Con lo cual ese lugar trascendente únicamente se atisba en ocasiones, en algún que otro pasaje, línea de diálogo, imagen… Y, pese a que no llega a parecer pretenciosa, esta breve historia resulta más anecdótica de lo que hubiéramos deseado. Con todo, conseguirá alzarse con el Premio Blood Window a la mejor película latinoamericana.

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Crónica Sitges 2019 (II): Risas macabras

El segundo día en el festival se nos presenta como el más cargado en cuanto a número de proyecciones, y comenzamos de buena mañana en Prado con una dosis de cine coreano. Nos trae aquí el nombre de Ma Dong-seok, carismático actor de físico imponente que ha alcanzado gran popularidad durante la última década, y que se metió al público en el bolsillo hace un par de años con su papel en Tren a Busan. Ahora protagoniza Unstoppable, una cinta que aparenta ser de acción casi sin descanso, pero que en la práctica tiene mucho más de thriller. Pese a la siempre agradable presencia de Dong-seok, nos encontramos ante la enésima historia de secuestro y rescate que obliga al protagonista a entrar en contacto con los bajos fondos. Y aunque está bien rodada, es de ritmo algo moroso. Pero sobretodo, le faltan tortas. Las pocas que hay, todo sea dicho, son de las de romper mobiliario.

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Érase una vez en… Hollywood

Puede que Érase una vez en… Hollywood sea lo penúltimo (si no lo último) que veamos en cine de Quentin Tarantino. Un personaje -porque trasciende la mera figura de director- que es, a su vez, de los últimos cineastas estrella que conservan la capacidad para atraer al público a las salas en cantidades suficientes como para mantener su estatus intocable. Y que consigue también no decepcionarle nunca. Se trata de un cóctel improbable de personalidad arrolladora, seguridad en sí mismo, entusiasmo, tiempo de preparación, absoluta libertad creativa y medios para concretarla en sus películas. Y la mezcla vuelve a producirse, y vuelve a funcionar una vez más en este cuento sesentero que viaja a la raíz de sus pasiones.

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Sombra

Zhang Yimou es un nombre familiar para los aficionados al cine asiático. Desde el inicio de su carrera con Sorgo rojo (1988) se hizo un hueco entre el público occidental mediante la presencia en festivales, labrada a raíz de la sensibilidad y delicadeza estética de sus películas. Y, a pesar de los altibajos que ha sufrido su filmografía a lo largo de los últimos años, ha conseguido mantener el renombre y las expectativas alrededor de cada nueva obra que estrena. En estas llega Sombra, un relato de esencias clásicas y marcada personalidad estética que, como ese diálogo que se establece entre el blanco y negro del yin y el yang, bascula entre las mayores virtudes y puntos débiles de su cine.

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Los hermanos Sisters

Desde que en 1992 Clint Eastwood dirigiera Sin perdón, el western ha ido llegando a las carteleras con cuentagotas, pero con una curiosa particularidad: la calidad media de las cintas, sobretodo de los 2000 a esta parte, ha sido peculiarmente alta. Como si la energía de las películas ausentes se acumulara para aportar sustancia a las que finalmente se ruedan. No quiere esto decir, por supuesto, que se trate de un género infalible; pero sí es cierto que cuando aparece una de vaqueros en la cartelera hay grandes posibilidades de acertar. En los últimos meses, sin ir más lejos, ya hemos podido disfrutar de La balada de Buster Scruggs de los Hermanos Coen (sólo en vídeo bajo demanda) y de Damsel, de los Zellner. Si de aquellas resaltaba el tono irónico y la vuelta de tuerca a los tópicos, de Los hermanos Sisters lo primero que llama la atención, antes de adentrarse en ella, es la nacionalidad. Porque a pesar de contar con un reparto normativamente estadounidense, dirige el francés Jacques Audiard, y la co-producción incluye más países europeos que americanos. ¿Es ésto algo que transpire al resultado final de forma palpable? Puede que de una forma sutil. Sigue leyendo

Nosotros

Lo de Jordan Peele ha sido llegar y besar el santo. En tan sólo una película (Déjame salir, 2017), consiguió el éxito comercial y el académico -le dieron el Oscar al Mejor guión original. Con ésta, la segunda, ha repetido triunfo en taquilla y ha consolidado el favor de la crítica. Puede que todo el proceso haya sido un tanto acelerado (las canonizaciones exprés siempre tienen algo de sospechoso); pero por otra parte trae consigo algunas buenas noticias: por un lado, facilita la cansina dignificación a la que el género de terror parece tener que someterse cada década; por otro, demuestra (otro esfuerzo que debería ser innecesario) que aún hay gente en Hollywood con ganas de contar historias nuevas y gente entre el público dispuesta a pagar por verlas; y por último, y más importante, supone el triunfo popular de un director que parece auténticamente preocupado porque sus películas estén bien dirigidas. Sigue leyendo