Archivo de la categoría: Críticas

Fire of Love

Ya lo comentaba Werner Herzog en su visita a Barcelona del año pasado: en esos momentos, se estaba cocinando un documental a partir de las imágenes de archivo más espectaculares jamás tomadas sobre volcanes. Concretamente las del fondo fílmico de Katia y Maurice Krafft, dos vulcanólogos franceses que murieron en 1991, precisamente durante una erupción en el monte Unzen. Y es que los Krafft vivían por y para los volcanes, sin miedo a poner los pies en las calderas. Con un apasionado afán, para más señas, por registrar todo lo que veían. Con lo cual, a lo largo de dos décadas de carrera, acumularon horas y horas de material, trufado de imágenes imponentes y tomas cargadas de imprevista poesía.

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Elvis

El sonado éxito de Bohemian Rapsody (Bryan Singer, 2018) ha dado lugar a una pequeña fiebre por el biopic musical, un subgénero que parece estarse tratando más como un insulso artefacto para atraer a la audiencia a ver nombres que conoce y escuchar canciones que ha tarareado, que como una oportunidad para contar historias de un mínimo interés o proporcionar experiencias que vayan más allá de lo cómodo y evidente. Pero he aquí que de repente aparece un hombre peculiar, Baz Luhrmann. Un cineasta desmedido, polarizante, desde luego no siempre acertado, pero que destaca por algo que estaba pidiendo a gritos esta pequeña parcela de cine: una personalidad marcada. El australiano, además, ya ha demostrado con anterioridad su interés por el musical; y ello, combinado con su gusto por el barroquismo, lo hacía un sólido candidato para abordar una figura tan notoria en la música popular, pero a la vez tan particular y excesiva como la del malogrado Elvis Presley.

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Érase una vez en… Hollywood

Puede que Érase una vez en… Hollywood sea lo penúltimo (si no lo último) que veamos en cine de Quentin Tarantino. Un personaje -porque trasciende la mera figura de director- que es, a su vez, de los últimos cineastas estrella que conservan la capacidad para atraer al público a las salas en cantidades suficientes como para mantener su estatus intocable. Y que consigue también no decepcionarle nunca. Se trata de un cóctel improbable de personalidad arrolladora, seguridad en sí mismo, entusiasmo, tiempo de preparación, absoluta libertad creativa y medios para concretarla en sus películas. Y la mezcla vuelve a producirse, y vuelve a funcionar una vez más en este cuento sesentero que viaja a la raíz de sus pasiones.

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