Crónica Sitges 2020 (III): Espectros y Nueva Carne

Qué sobado está ya el tema de las casas encantadas, pero qué gusto da escuchar una buena historia de espíritus. Total, que probamos suerte con The banishing, una de éstas ambientada en la Inglaterra de los años 30, cuando el fantasma más presente en la vida de los europeos era el de la guerra. Como era de esperar, está la familia que se muda a un nuevo hogar. El marido es un clérigo, y las tensiones de pareja están servidas. Por en medio también hay una niña, con lo que la pieza más vulnerable ya está fijada. Y los ruidos, movimientos extraños y apariciones se empiezan a suceder más o menos como uno prevería, y hay historias ocultas que se van revelando, etcétera, etcétera. Pero por más que el director Christopher Smith intente conseguir una ambientación sólida, todo es bastante plano, el desarrollo de la trama es tirando a torpón, e incluso cuando aparece algún recurso fantasmagórico con cierta gracia, no llega a explotarse demasiado. En definitiva, otra más del montón, y como ya hemos visto unas cuantas, no nos queda interés para recomendar ésta.

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Crónica Sitges 2020 (II): Arrastrados al huerto

Subimos una marcha para aprovechar al máximo nuestro tiempo en el Festival, y una mañana de domingo empezamos en el Auditori con Lupin III: The First. Hemos dejado de sentirnos atraídos a priori por los intentos japoneses de pasarse a la animación 3D (las últimas razones para ello fueron Gantz: O2016- y Human Lost -2019-), pero los avances de este nuevo Lupin, que mantienen el estilo cartoon con bastante gracia, nos hacen tener fe de nuevo. Y lo cierto es que al principio nos convence la propuesta, aún cuando algunos diseños parecen un tanto occidentalizados: hay buenas coreografías de acción, los personajes carismáticos de siempre, algún momento slapstick gracioso… Pero conforme avanza, aparece el problema habitual de fondo: se trata de un envoltorio de primera para un guión de segunda. Los giros comunes y clichés empiezan a acumularse a medida que la aventura prosigue, y acaban por cansar y empantanar la película, que por otra parte nunca deja de lucir despampanante. Y uno se para a pensar que tal vez con un modesto 2D, esa pobreza de la historia pasaría mejor… Un 600 tiene su encanto, y un Ferrari es una máquina deslumbrante; pero coloquemos el motor del primero dentro del segundo, y el coche resultante es un desastre. Sólo nos hace falta ver, mientras desayunamos al día siguiente, un clip con animaciones hechas por Hayao Miyazaki en sus inicios, entre las que se cuentan fragmentos de la serie de Lupin III, y acabamos de entender la diferencia: más allá de lo que cuenta la historia, se trata de cuántas ideas propias del medio animado es capaz de introducir en sus secuencias. Y hace falta genio para ello.

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Crónica Sitges 2020 (I): Voluntad contra suerte

En línea con la temporada que llevamos, teníamos dudas (nosotros y casi cualquiera) respecto al certamen que más subrayado tenemos en el calendario de festivales. Sitges este año realizaba un salto al vacío, apostando por la presencialidad (plataforma online a parte) y manteniendo los once días de acontecimiento. ¿Habría material suficiente para llenar el espacio? ¿Podríamos asistir de manera normal? ¿Se llegaría a celebrar siquiera, según evolucionaran las cosas? Todos pusimos nuestro granito de fe y buena voluntad, y finalmente llegó el día de empezar la 53ª edición, y se hizo. Resulta sorprendente lo ‘normalmente’ que se está desarrollando este Sitges 2020: apenas si se nota la reducción en la parrilla -es más, se agradece esa hora de descanso entre película y película para desinfectar las salas, que permite desplazarse, comer, digerir lo visto… a ritmo de persona normal-, la gente muestra un gran ánimo, y hemos acabado elaborando una buena lista de títulos para ver. Sí, la logística ha sido más complicada, y no llegaremos a tanto como en otras ocasiones. Los ‘aderezos’ al festival se han visto empobrecidos (invitados, stands, exposiciones… que se echan en falta). Puede que el nivel cinematográfico de este año se resienta. Pero aquí estamos disfrutándolo una vez más, y no se puede sino agradecer el esfuerzo que ha supuesto convertir esta edición del Festival de Sitges en realidad. Así pues, allá que vamos.

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