Crónica Sitges 2026 (IV): La risa congelada

Inauguramos la nueva semana dentro de Sitges con una de las películas que más nos llama la atención de esta edición. Hablamos de The face of horror de Anna Biller, cuya anterior cinta, The love witch (2016), aún no hemos recuperado pese a que causó sensación entre nuestros allegados. En esta ocasión, la directora se atreve con una adaptación de la antigua historia japonesa de venganzas fantasmagóricas Yotsuya Kaidan, que traslada a la Inglaterra medieval con la estética de las aventuras clásicas en Technicolor. Sin duda, estéticamente la película es despampanante y resulta sorprendente que a estas alturas hayan conseguido una textura de color que parecía perdida, mientras que todo lo que implica al departamento de arte remite de manera inmediata a los clásicos que homenajea. El guión se asienta en un humor que también acude a cierta inocencia de la época, pero con la autoconsciencia de lo anacrónico de la propuesta, y los actores parecen estar tan imbuidos de sus personajes que todo se hace alegremente simpático. Pero Biller tiene notables problemas con el ritmo de la historia y, una vez pasada la novedad de la recreación de época, los diálogos chisposos y la guapura de sus actores -al frente Kristine Froseth como campesina de belleza principesca (que ya vimos el otro día en Su propio infierno) y Jonah Hauer-King disfrutando como caballero presumido y caradura-, la película se arrastra sin mucho más que decir hasta que consuma su trama de horror clásico. La conclusión resulta nuevamente de imaginario elaborado y vistoso, pero llega cuando uno está ya algo agotado. Sin duda, a The face of horror le hubiera sentado de maravilla una buena sesión de tijera (como a tantas propuestas que rondan por aquí).

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Crónica Sitges 2026 (III): Baúl de recuerdos

Uno de los platos fuertes de esta edición de Sitges es la visita de Peter Jackson, que la mayoría del público conoce por haber dirigido la trilogía de El Señor de los Anillos (2001-2003), uno de los pocos clásicos incontestables nacidos durante este siglo. Sin embargo, más allá de la publicidad que da su presencia al certamen, la relevancia que tiene para el entorno festivalero está tanto o más ligada al cine que hizo en los noventa. Y es que su ópera prima, Mal gusto (1987), es la calabaza convertida en carroza para cualquier aspirante a director de fantástico. Tan solo unos años más tarde, pasaría por Sitges para presentar Braindead (1992), probablemente la mejor película gore de la historia, definitivo disparador de su carrera y que, con la excusa del próximo 35 aniversario, se presenta en una flamante restauración en 4K. Además, también anda por aquí Diana Peñalver, quien contribuyó con su Paquita a añadir encanto a la película, como reminiscencia de lo que debía haber sido una peculiar co-producción con España. Conseguir entradas para asistir a la entrañable reunión, con la entrega del Gran Premio Honorífico para Jackson y la posterior proyección de la película es misión imposible, y lo mismo ocurre con el encuentro organizado al día siguiente con el realizador neozelandés. La rueda de prensa no está ni se la espera. Así las cosas, para nosotros su presencia aquí se resume en verlo la mañana del domingo en bermudas y camisa de flores para conversar unos minutos con otro de los invitados, el mítico creador de efectos de maquillaje Rick Baker, sobre su participación en la versión de King Kong del año 1976, que también se presenta en versión restaurada.

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Crónica Sitges 2026 (II): Animación, ánimas y ánimos

Arrancamos el fin de semana con la crème de la crème de este año, la nueva producción de Aardman La Oveja Shaun: Misión Calabaza, dirigida por Steve Cox y Matthew Walker. Tercer largometraje del personaje más éxitoso de la casa de animación desde hace años (por más que naciera como un spin off de su buque insignia, Wallace & Gromit), la primera aventura de este cordero nos pareció tan redonda que en su momento la encumbramos a nuestro top anual. Nos alegra decir que los británicos siguen en plena forma, con la capacidad para arrancar una sonrisa -cuando no una carcajada- tras otra a lo largo de los ochenta minutos que dura su último relato. Inspirada en el cine de terror clásico (principalmente el de los sellos Hammer y Universal), La Oveja Shaun es un carrusel de gags, guiños y brillantez narrativa que no precisa de diálogos para transmitir información y emoción. Resulta fascinante la forma en que Aardman mantiene vivo el slapstick clásico sin la ayuda de nadie y con tanta soltura, permitiendo que el público moderno se maraville con lo que bien podría ser una película de Buster Keaton. Si acaso, y ya que la producción de la factoría es inevitablemente escasa, hubiésemos preferido algo menos reminiscente a la lejana Wallace & Gromit: La maldición de las verduras (Nick Park y Steve Box, 2005), pero puede que sea la memoria haciéndonos ver más conexiones de las que realmente hay. Y, en cualquier caso, La Oveja Shaun: Misión Calabaza es un pequeño milagro por si misma, con un catálogo de personajes arrebatadores, algunos de los mejores chistes de la temporada, si no de los últimos años, y una de esas selectas películas que puede recomendarse a absolutamente todo el mundo (desde el niño hasta el aficionado al gore sale contento de su única proyección en el Auditori).

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