Crónica Sitges 2026 (VI): Cañita brava

Sintiendo que nos falta un poco más de acción en el menú, nos apuntamos a Tokyo Burst: The Roundup de Eiji Uchida, que por lo visto es un spin off de la saga The Roundup protagonizada por el popular Ma Dong-seok y de la cual vimos una entrega hace unos años. Aparentemente, la conexión es leve y no resulta necesario recordar nada de las películas coreanas (de hecho, la vemos titulada por ahí como Tokyo Burst: Crime City, desechando cualquier referencia al original). Se trata de una cinta policíaca al uso -al uso asiático, se entiende-, con personajes malotes, mafiosos y agentes de la ley de métodos expeditivos. Como entrega franquiciada que es, en esta ocasión un agente coreano llega a Tokyo para hacer justicia con los asesinos de un compañero, y allí se topará con un joven policía de pasado callejero que acaba asignado como su compañero. Siguiendo los cánones de la buddy movie, inicialmente saltarán chispas entre ellos, pero poco a poco aprenderán a trabajar juntos. Todo ello mediante un dibujo de personajes de brocha gorda, pero que también ofrece algunos buenos momentos de comedia. Lo cual se extiende a todo el guión: las incoherencias y sinsentidos están a la orden del día, algunos de ellos tan gordos que tienen que ser voluntarios, lo cual no los hace mejores. Sin embargo, si uno decide aceptarlo, por el camino se llevará un buen rato de entretenimiento, con algunas escenas de tortas tan bestias y divertidas como cabría esperar. Tokyo Burst no está llamada a convertirse en un clásico del género, pero tampoco parece pretenderlo.

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Crónica Sitges 2026 (V): Valor nominal

Popurrí de entre semana: otra de las grandes promesas de este festival la encontramos en Historias de la noche de Léa Mysius. Hemos venido a verla sin hacer preguntas, ya que la misma directora nos trajo hace unos años la estupenda Los cinco diablos. La fotografía de Historias de la noche nos recuerda inmediatamente a la de aquélla, con colores intensos y oscuros profundos. También encontramos al personaje de la niña que ocupa un papel central en la historia. Y una madre con un pasado por desvelar. Pero en esta ocasión la historia toma la forma de un suspense cocido a fuego lento, una suerte de home invasion en la que la llegada de unos extraños a una aldea de dos casas pondrá patas arriba la vida de una familia y, de rebote, la de su vecina (invitada de lujo Monica Bellucci). La cinta engancha desde el principio y, sin proponer grandes novedades, es capaz de generar tensión con los cuatro elementos que maneja y unos personajes que huelen a misterio por resolver. La intervención de Benoît Magimel, con un aura de peligrosidad electrizante, le da caché. Pero también es cierto que en la segunda mitad le cuesta cumplir con sus propias promesas, con ciertas situaciones de guión extrañamente forzadas y una construcción dramática de la anodina protagonista que se queda a media cocción. La resolución es efectiva desde los cánones del thriller, pero también algo rutinaria. En conjunto es una buena película, pero esperábamos algo que nos removiera más las entrañas dados los antecedentes.

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Crónica Sitges 2026 (IV): La risa congelada

Inauguramos la nueva semana dentro de Sitges con una de las películas que más nos llama la atención de esta edición. Hablamos de The face of horror de Anna Biller, cuya anterior cinta, The love witch (2016), aún no hemos recuperado pese a que causó sensación entre nuestros allegados. En esta ocasión, la directora se atreve con una adaptación de la antigua historia japonesa de venganzas fantasmagóricas Yotsuya Kaidan, que traslada a la Inglaterra medieval con la estética de las aventuras clásicas en Technicolor. Sin duda, estéticamente la película es despampanante y resulta sorprendente que a estas alturas hayan conseguido una textura de color que parecía perdida, mientras que todo lo que implica al departamento de arte remite de manera inmediata a los clásicos que homenajea. El guión se asienta en un humor que también acude a cierta inocencia de la época, pero con la autoconsciencia de lo anacrónico de la propuesta, y los actores parecen estar tan imbuidos de sus personajes que todo se hace alegremente simpático. Pero Biller tiene notables problemas con el ritmo de la historia y, una vez pasada la novedad de la recreación de época, los diálogos chisposos y la guapura de sus actores -al frente Kristine Froseth como campesina de belleza principesca (que ya vimos el otro día en Su propio infierno) y Jonah Hauer-King disfrutando como caballero presumido y caradura-, la película se arrastra sin mucho más que decir hasta que consuma su trama de horror clásico. La conclusión resulta nuevamente de imaginario elaborado y vistoso, pero llega cuando uno está ya algo agotado. Sin duda, a The face of horror le hubiera sentado de maravilla una buena sesión de tijera (como a tantas propuestas que rondan por aquí).

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