Los 10 directores más prometedores de 2015

Llega por fin el momento en que pasado y presente se juntan, y completamos por lo tanto la tríada de artículos (ver el primero y el segundo) que nos han llevado de viaje a través de este inicio de siglo. Como habrá podido observar el lector, ha habido muchos cambios en las listas (tantos que ningún realizador de la anterior se ha mantenido en la siguiente), lo cual da una idea del gran dinamismo del medio, y supone un buen estimulante para seguir explorando el cine contemporáneo.

Sin más dilación, presentamos los que son, a día de hoy (veremos dentro de cinco años más), los realizadores que nos tienen en ascuas ante sus futuros proyectos:

Alexander Payne (Omaha, EE.UU., 1961)

Entre copas (2004) había sido un buen gancho por parte de Payne, que tanto crítica como público recibieron con agrado. Pero, tras un notable paréntesis, lo último del cineasta han sido dos auténticas joyas: tanto Los descendientes (2011) como Nebraska (2013) se adentran en territorios profundamente emotivos desde una óptica inteligente y ausente de recursos baratos. Parece que su estilo está perfectamente depurado, y no podemos esperar a su siguiente historia para continuar sintiendo y reflexionando con él.

Payne vigila el rodaje de

Alfonso Cuarón (México D.F., México, 1961)

Siete años fueron los que tardó Cuarón en tener completada su nueva película tras la magnífica Hijos de los hombres (2006). Gravity (2013) es, como ya comentamos, la primera obra maestra del cine en 3D (por aquí abajo daremos cuenta de la segunda), una experiencia inmersiva como pocas, con una energía desbordante. Y la del mexicano es una filmografía en permanente ascenso, amén de interesante desde sus primeros compases. Basta con que continúe por la senda que él mismo se ha marcado para que nos siga proporcionando, con suerte, muchas alegrías.

El mexicano dirige a sus estrellas.

Apichatpong Weerasethakul (Bangkok, Tailandia, 1970)

Weerasethakul es un cineasta difícil, y no solo por cuestiones de pronuncia. Sus películas tienen un ritmo muy particular, tremendamente pausado (desesperante para muchos), pero también son capaces de generar atmósferas únicas, cambiantes y desconcertantes. Es por ello que Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas fue una polémica ganadora en Cannes 2010, pero a la par interesante; experiencia que se repetiría con la hipnótica Mekong Hotel (2012). Recuperando Síndromes y un siglo, de 2006, algo se nos activa en el hipotálamo y quedamos atrapados en su universo.

Pocos medios y mucho talento.

Edgar Wright (Poole, Reino Unido, 1974)

Wright va de acierto en acierto. Nos encontramos, probablemente, ante el mejor director de comedia de la actualidad. Una comedia de calidad, radicalmente moderna y, a la vez, absolutamente entregada al espectador, haciendo gala de la mejor comercialidad. Dos son los títulos que asientan al inglés en este pequeño Olimpo durante el último lustro: Scott Pilgrim contra el mundo (2010), película espasmódica y encantadora a partes iguales, y la conclusión a su hilarante Cornetto TrilogyBienvenidos al fin del mundo (2013).

Disfrutando de un rodaje divertido.

Harmony Korine (Bolinas, EE.UU., 1973)

Spring breakers (2012), debió hacer que mucha gente tuviera su experiencia cinematográfica más radical en una sala comercial. Y lo mejor de todo, sin saberlo de antemano. Escarbando en la carrera del californiano se puede apreciar una firme voluntad de experimentación, en ocasiones al borde de la autocomplacencia, pero con resultados más que notables. Con la mencionada película conseguía aunar extremos, y nos dejó tan anonadados como expectantes por conocer sus próximos pasos.

Korine entre bikinis en su último rodaje.

Jean-Luc Godard (París, Francia, 1930)

Resulta algo extraño incorporar a esta lista a un veterano de tan dilatada carrera. Pero también es un auténtico gusto poder hacerlo. Si bien Film socialisme (2010) podía atragantarse con facilidad, la última película de Godard, Adiós al lenguaje (2014), condensa sus mejores cualidades sin dejar -faltaría más- un solo espacio a las convenciones. El franco-suizo hace explotar una vez más el medio y utiliza la tecnología 3D de forma no ya necesaria, sino indisoluble de la propia sustancia de la cinta. Tener a un innovador de este calibre en activo no puede ser más excitante.

Godard y su 3D, de vuelta de todo.

James Wan (Kuching, Malasia, 1977)

Empezó siendo entretenido y se está convirtiendo en imprescindible. James Wan se dio a conocer con el súper taquillazo de Saw en 2004, pero ha sido durante el último lustro cuando su habilidad tras las cámaras ha eclosionado definitivamente. Hasta el punto de poderse considerar, probablemente, el director de terror más interesante del momento, con un dominio del tempo narrativo y los recursos del género envidiables, y con tres joyas para atestiguarlo: Insidious (2010), Insidious: Capítulo 2 (2013) y Expediente Warren (2013).

Wan haciendo terror.

Nicholas Winding Refn (Copenhague, Dinamarca, 1970)

Winding Refn es otro hombre que nos está ofreciendo cosas nuevas, cine estimulante, de ese que no (nos) esperábamos. Aunque venía trabajando desde hacía años, principalmente en su país natal, fue su incursión en América la que nos hizo descubrirlo, y de qué manera. La estilización de Drive (2011) nos rindió a sus pies, y con Sólo Dios perdona (2013) nos dimos cuenta de que no iba a supeditar su estilo a un eventual éxito comercial. Y eso ha hecho que nuestro interés por él aumente de forma exponencial.

El director dirige a Gosling en

Peter Strickland (Reading, Reino Unido, 1973)

Otra figura entregada a la exploración, al salirse de los límites del convencionalismo. Strickland apuesta fuertemente por las sensaciones y los ambientes, por la abstracción de temas y formas. Aún sin haber visto su ópera prima, sus dos últimas películas, Berberian Sound Studio (2012) y The Duke of Burgundy (2014) -ambas sin estreno comercial- confirman que nos encontramos ante un nombre a seguir, cuya carrera puede llevarnos por derroteros inusuales e hipnóticos.

Strickland reflexiona en el set.

Richard Linklater (Houston, EE.UU., 1960)

Contra la experimentación formal ‘llamativa’, la estilización máxima en los elementos básicos de la construcción cinematográfica. El juego de Linklater en el último lustro viene marcado por una absoluta entrega a la historia que cuenta. Aunque ésto implique años y años de planificación y dedicación. Pero amigos, qué importa ese esfuerzo si finalmente se consigue desnudar el tiempo. El director ha conseguido que lo situemos entre nuestros favoritos en la actualidad gracias a dos pequeñas obras maestras: Antes del anochecer (2013) y Boyhood (2014).

Estar lisiado no frena a Linklater.

¿Qué fue de ellos? (diario de los desaparecidos tras el anterior combate)

A Christopher Nolan se le ha empezado a ir la mano con su tercera entrega de Batman en 2012 e Interestellar en 2014. Cronenberg, aunque siempre interesante, no ha resultado tan estimulante en sus últimas propuestas, sobretodo en el caso de la aburrida Cosmopolis (2012). Por su parte, la incursión bíblica no era lo más atractivo que podía hacer Darren Aronofsky tras sus últimas obras, y no se ha prodigado más allá de Noé (2014). Jason Reitman, en cambio, ha firmado tres películas, pero que han significado un pequeño bajón en su filmografía (Young adult (2011), Una vida en tres días (2013) y Hombres, mujeres y niños (2014)). Her (2013) de Spike Jonze es magnífica, pero no puede caber todo el mundo, y el par de mediometrajes que ha realizado no nos han llegado. Luego está el club de los definitivamente ‘perdidos’: Jim Mickle seguramente siga mereciendo nuestra atención, pero no hemos visto ni su remake de Somos lo que hay ni su última cinta, Frío en julio (2014). De Naomi Kawase ha sido imposible catar nada hasta este mismo año. Y, en cuanto a Hirokazu Koreeda, debemos confesar que se nos han escapado sus dos últimas propuestas. Continuando con el sector japonés, Katsuhito Ishii decepcionó bastante con Smuggler en 2011, y aún estamos esperando algo nuevo de él. Takashi Miike, por su parte, nos ha dejado algunas buenas películas, una de ellas excelente –Hara-kiri: Muerte de un samurai (2011)- pero ha tenido mejores lustros.

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