Crónica Sitges 2022 (IV): El peso del recuerdo

Nuestro paso por el Festival de Sitges trae consigo el visionado de decenas de películas. Y, ante la disparidad de calidades, siempre tenemos el dilema entre abreviar a la hora de contarlo e intentar sacar el máximo jugo a nuestra experiencia para guiar al lector. Vamos a intentar quitar de en medio algunas cintas que vimos en la transición entre las dos semanas del certamen para aligerar un poco de lastre. Diremos así, por ejemplo, que la muy comentada Speak no evil de Christian Tafdrup contiene el más absoluto vacío, tras dos primeros tercios de cinta bien dirigidos y en los que la construcción de un ambiente incómodo y enrarecido está realmente conseguida. Sin embargo, se despeña cuando intenta transmitir su potencialmente interesante tesis sobre la sumisión, traicionando a sus propios personajes y a las más básicas reglas de la verosimilitud. En este caso, el fin no justifica los medios. Por su parte, la animación minimalista de Dozens of Norths, en que el norte es en realidad un ente figurado, de mundos solitarios y búsqueda interior, presenta una colección de paisajes sugerentes y melancólicos, pero en los cuales la animación juega un papel más bien pobre y es lastrada por sempiternas líneas de texto. Queda la sensación de que el fílmico no era el medio adecuado para el material de Koji Yamamura, que sin embargo conformaría un estupendo libro ilustrado o cómic alternativo (por momentos vienen a la mente las obras de Shaun Tan). Por último, Something in the dirt supone un paso atrás en la filmografía de Justin Benson y Aaron Moorhead (que nos habían convencido con El infinito -2017- y Synchronic -2019-). Es una historia pequeña de fantasía y conspiranoia, en la estela espiritual de Lo que esconde Silver Lake (David Robert Michel, 2018), pero que se hace eterna. La pareja protagonista (los mismos artífices de la película) están tan desconectados no sólo de la realidad, sino entre ellos mismos, que al final el que mira también acaba por desconectar de la película. Una lástima.

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Crónica Sitges 2022 (III): Golpes, explotación y espionaje

El fin de semana en el Festival encontramos hueco para acudir a encuentros con dos de las figuras destacadas de esta edición: el director Edgar Wright, que el año pasado presentó aquí Última noche en el Soho y The Sparks Brothers, y este año recoge premio a su trayectoria; y el actor Robert Englund, icono indiscutible del fantástico ochentero y objeto del documental Hollywood Dreams & Nightmares: The Robert Englund Story (Chris Griffiths y Gary Smart). Del primero queda reconfirmada su condición de apasionado devorador de las artes populares y su apuesta personal por seguir siendo un espectador de salas (quien lo siga en redes sociales ya lo sabrá), además de no cerrar la puerta a una nueva colaboración con Simon Pegg, siguiendo la estela de su Cornetto Trilogy. Del segundo destaca su humildad al aceptar con gratitud el papel claramente preeminente que ha adquirido Freddy Krueger en su filmografía, además de la voluntad de pasarlo bien y aceptar los proyectos como le vienen y sin apreturas.

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Crónica Sitges 2022 (II): Realidades oscuras

Este año vamos a intentar (con éxito desigual) cuidarnos un poco y eliminar los madrugones, con intención de absorver mejor lo que vemos y de paso disfrutar de las sesiones que más nos interesan en la pantalla más grande posible. A segundo día del festival, ésto se traduce en acudir al mediodía al Auditori para ver lo nuevo de Peter Strickland, Flux Gourmet. Algunos recordarán ya el interés que nos produce este director, de quien vimos aquí Berberian Sound Studio (2012) y The Duke of Burgundy (2014). A diferencia de aquéllas, en Flux Gourmet nos presenta un mundo deformado ya de primeras, en que un periodista se dedica a hacer de cronista en una residencia de artistas performativos. Éstos están volcados en un proceso creativo alrededor de la gastronomía y el sonido, y dichos mimbres sirven a Strickland para hacer una reflexión humorística sobre los entresijos del mundo artístico, la relación de la obra con sus creadores y público, las dinámicas de grupo y sumisión… Un peculiar viaje que tal vez no alcanza el nivel de sus anteriores obras, ya que bordea el absurdo gratuito, pero que a la vez construye muchos momentos interesantes y sigue poniendo el acento en elementos que asociamos ya al director, como el protagonismo del diseño de sonido, los efectos de la extrañación en el individuo y la exploración de las relaciones de dominación.

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