Subimos una marcha para aprovechar al máximo nuestro tiempo en el Festival, y una mañana de domingo empezamos en el Auditori con Lupin III: The First. Hemos dejado de sentirnos atraídos a priori por los intentos japoneses de pasarse a la animación 3D (las últimas razones para ello fueron Gantz: O –2016- y Human Lost -2019-), pero los avances de este nuevo Lupin, que mantienen el estilo cartoon con bastante gracia, nos hacen tener fe de nuevo. Y lo cierto es que al principio nos convence la propuesta, aún cuando algunos diseños parecen un tanto occidentalizados: hay buenas coreografías de acción, los personajes carismáticos de siempre, algún momento slapstick gracioso… Pero conforme avanza, aparece el problema habitual de fondo: se trata de un envoltorio de primera para un guión de segunda. Los giros comunes y clichés empiezan a acumularse a medida que la aventura prosigue, y acaban por cansar y empantanar la película, que por otra parte nunca deja de lucir despampanante. Y uno se para a pensar que tal vez con un modesto 2D, esa pobreza de la historia pasaría mejor… Un 600 tiene su encanto, y un Ferrari es una máquina deslumbrante; pero coloquemos el motor del primero dentro del segundo, y el coche resultante es un desastre. Sólo nos hace falta ver, mientras desayunamos al día siguiente, un clip con animaciones hechas por Hayao Miyazaki en sus inicios, entre las que se cuentan fragmentos de la serie de Lupin III, y acabamos de entender la diferencia: más allá de lo que cuenta la historia, se trata de cuántas ideas propias del medio animado es capaz de introducir en sus secuencias. Y hace falta genio para ello.

