Si ayer nos dejábamos seducir por la mirada de un poeta, hoy lo intentamos con la de un psicólogo, algo que nos produce aún más curiosidad. El húngaro Péter Bergendy presenta en Sección Oficial su historia de fantasmas Post Mortem. Está ambientada tras la Primera Guerra Mundial, y sigue a un fotógrafo de cadáveres que, guiado por una visión cercana a la muerte, llega a un pueblo donde los espíritus parecen negarse a descansar. Post Mortem tiene una atmósfera muy conseguida, se respira el frío y el aislamiento de la aldea donde se instala el protagonista; también un buen punto de partida, con el juego que da su peculiar profesión. Sin embargo -y van…- tampoco llega a generar momentos de gran tensión. Y cuando la cosa se anima en cuanto a actividad ectoplásmica se refiere, el cambio de tono es notable, pasando a beber más de la serie B gamberra sin, todo hay que decirlo, ningún atisbo de vergüenza. Los efectos, desde luego, están muy bien conseguidos, y ejecutados de manera ingeniosa para conseguir los mayores resultados con los mínimos recursos. Quien sea capaz de adaptarse a esos cambios en la escala de afinación, encontrará Post Mortem la mar de estimulante; a nosotros nos pilla un poco con el paso cambiado…


