Crónica Sitges 2020 (V): Sueños de muerte

Si ayer nos dejábamos seducir por la mirada de un poeta, hoy lo intentamos con la de un psicólogo, algo que nos produce aún más curiosidad. El húngaro Péter Bergendy presenta en Sección Oficial su historia de fantasmas Post Mortem. Está ambientada tras la Primera Guerra Mundial, y sigue a un fotógrafo de cadáveres que, guiado por una visión cercana a la muerte, llega a un pueblo donde los espíritus parecen negarse a descansar. Post Mortem tiene una atmósfera muy conseguida, se respira el frío y el aislamiento de la aldea donde se instala el protagonista; también un buen punto de partida, con el juego que da su peculiar profesión. Sin embargo -y van…- tampoco llega a generar momentos de gran tensión. Y cuando la cosa se anima en cuanto a actividad ectoplásmica se refiere, el cambio de tono es notable, pasando a beber más de la serie B gamberra sin, todo hay que decirlo, ningún atisbo de vergüenza. Los efectos, desde luego, están muy bien conseguidos, y ejecutados de manera ingeniosa para conseguir los mayores resultados con los mínimos recursos. Quien sea capaz de adaptarse a esos cambios en la escala de afinación, encontrará Post Mortem la mar de estimulante; a nosotros nos pilla un poco con el paso cambiado…

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Crónica Sitges 2020 (IV): Cuentistas

Tras un pequeño receso, empezamos nueva jornada en Sitges con ánimo folclórico. Hemos escogido lo último del indonesio Joko Anwar, Impetigore, como primer contacto con su cine, y la cosa va de una chica que descubre que puede haber heredado una fortuna de su olvidada familia, y decide acercarse al poblado donde tenían su casa para ver si aquello la saca de apuros. La ambientación de Impetigore es probablemente lo más conseguido de la película, y tiene el plus de lo exótico para los que nos encontramos en las antípodas de los bosques y aldeas aisladas que retrata. Se puede captar el poder del misticismo, la tradición y las supersticiones que aquí se invocan. Pero también es cierto que Anwar no acaba de acertar a la hora de encarar las escenas más inquietantes. La película se va atascando poco a poco, y si bien el cuento maldito que descubre es entretenido, lo hace con recursos un tanto rupestres, con eternos flashbacks que pecan de exceso discursivo y que alargan el tercer acto hasta el cansancio. Lo dicho, al que le pueda el exotismo le parecerá atractiva; al que busque la nueva revelación del terror de maldiciones, tendrá que seguir probando en otro lado.

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Crónica Sitges 2020 (III): Espectros y Nueva Carne

Qué sobado está ya el tema de las casas encantadas, pero qué gusto da escuchar una buena historia de espíritus. Total, que probamos suerte con The banishing, una de éstas ambientada en la Inglaterra de los años 30, cuando el fantasma más presente en la vida de los europeos era el de la guerra. Como era de esperar, está la familia que se muda a un nuevo hogar. El marido es un clérigo, y las tensiones de pareja están servidas. Por en medio también hay una niña, con lo que la pieza más vulnerable ya está fijada. Y los ruidos, movimientos extraños y apariciones se empiezan a suceder más o menos como uno prevería, y hay historias ocultas que se van revelando, etcétera, etcétera. Pero por más que el director Christopher Smith intente conseguir una ambientación sólida, todo es bastante plano, el desarrollo de la trama es tirando a torpón, e incluso cuando aparece algún recurso fantasmagórico con cierta gracia, no llega a explotarse demasiado. En definitiva, otra más del montón, y como ya hemos visto unas cuantas, no nos queda interés para recomendar ésta.

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