L’Alternativa (III): Tránsitos y trances

Ni más ni menos que The Iron Ministry fue la película que acabó ganando la Sección Oficial de L’Alternativa. Así que fue una suerte poder verla, teniendo en cuenta que no es ésta la parte del festival que más hemos explorado. Cuando comienza la película de John Paul Sniadecki, con tres minutos de ruido de tren sobre pantalla negra, seguidos de otros tres minutos centrados en los fuelles que unen los vagones, uno teme que el director esté demasiado enamorado de sí mismo. La sucesión de escenas que lo siguen parecen apoyar esta tesis, dado que su contribución al fresco ferroviario que pretende desarrollar la película no es muy significativa, por arrítmica. Sin embargo, la aparición de un niño con vocación de agitador, que invita a los pasajeros a sacar por la ventana sus cabezas y brazos para que les sean seccionados, abre una puerta que se va a ir haciendo cada vez más grande conforme avanza la proyección. Así, The Iron Ministry va dando progresivamente más voz a las historias y personas concretas que viajan en el tren y, al final, encuentra su valor al entrar de lleno en el terreno social y político.

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Pero, sin duda, de donde más se puede extraer es del visionado del documental Darwin’s Nightmare, de Hubert Sauper, la otra figura a la cual el festival dedica en esta edición una retrospectiva. El primer largo de Sauper nos traslada al lago Victoria y realiza un recorrido por las poblaciones y factorías que lo rodean. El resultado es tan fascinante como demoledor a todos los niveles. La economía se mezcla con la ecología, y a su vez con la sociología y la política a nivel local e internacional, mientras nunca pierde de vista el individuo. Darwin’s Nightmare acaba por confrontarnos con nosotros mismos y deja meridianamente claras algunas de las bases sobre las cuales hemos construido nuestro mundo, dejando también muchas cuestiones abiertas. Es una película que debiera pasarse en todas las escuelas y televisiones.

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Rematamos con el cierre del ciclo dedicado a Lucrecia Martel. Tras otro corto de la directora que no nos convence, ya que su tesis queda explicada por los pelos y el sonido es tan deficiente que dificulta aún más su comprensión Nueva Argirópolis, se proyecta el último largo hasta la fecha de la argentina (que prepara uno nuevo de cara al año que viene).

La mujer sin cabeza (2008) es, posiblemente, el menos convincente de la tríada que compone su obra pero, aún así, sigue teniendo interés. Optando por un drama con toques de suspense, la directora reduce aquí nuevamente el espectro generacional, y focaliza su atención sobre el personaje de la mujer madura. La trama continúa siendo mínima, pero articula más que nunca el desarrollo de la cinta. Sin embargo, y aunque la puesta en escena es igual de poderosa que de costumbre, uno tiene la sensación de que, cuanto más amplía Martel su rango de personajes (con La ciénaga a la cabeza), más se expande también su cine, y vice versa. En cualquier caso, La mujer sin cabeza, la más densa de sus películas, incrementa su valor cuando se contempla como parte del conjunto. Y es que la propia directora identifica esta cinta como un cierre de ciclo. Tras haber tenido la magnífica oportunidad de conocerla gracias al festival, esperaremos con interés sus próximas propuestas.

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