Crónica Sitges 2025 (IV): Elegidos para la gloria

El inicio de la segunda semana del certamen vino marcado por las dos mejores películas que hemos podido ver en Sitges este año. Dos cintas tan grandes que solo un poco de perspectiva temporal permitirá establecer si se trata de auténticas obras maestras. Su disfrute, como no podía ser de otra forma, vino también emparedado entre un par de pinchadas de las gordas. A los efectos de que el lector huya de ellas, las reseñamos brevemente.

La primera es Trapped de Sagara, un suspense dramático con aires de western, que vuelve a caer en los mismos problemas que estamos viendo de unos años a esta parte en las producciones chinas: desarrollo de personajes pobre, construcción acumulativa pero sin evolución dramática real, diseño de producción lujoso pero falto de alma… Blockbusters de cartón piedra, en definitiva, tediosos y que hacen que pensemos en alejarnos durante un tiempo de la cinematografía de este país (como ya decidimos en el campo de la animación tras ver The Storm el año pasado), a no ser que nos traigan una de acción hongkonesa de toda la vida. La segunda es Fucktoys de Annapurna Sriram, muestra de un tipo de indie americano que también tiene más peligro que Mac Gyver en una ferretería. Es el que apuesta por un realismo mágico de esencias pop, que aúna sordidez con colorines, tono de cuento y personajes peculiares. Y, si bien durante un buen rato parece que tal vez Fucktoys se pueda disfrutar como un simple entretenimiento que extrae comedia de una fuente diferente de la que usa el cine más comercial, su final con giro dramático pero en última instancia intrascendente, hacen que no pueda obviarse el vacío absoluto que se esconde tras la cinta, entregada al puro onanismo estético. Pocas veces salimos cabreados del cine, pero estas dos películas nos lo han puesto realmente difícil… Afortunadamente, ahora viene lo bueno.

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Crónica Sitges 2025 (III): Atrapados en un glitch infinito

Pasar unos días en Sitges rodeados de gente con la misma pasión por el cine que nosotros hace difícil resistirse a comentar día tras día la jugada y a tomar unas cervezas que, a poco que uno se descuide, se alargan más de lo previsto, haciendo que después resulte demasiado tedioso levantarse para ver proyecciones más o menos destacadas, pero que seguramente tendrán una segunda o una tercera oportunidad. Ya lo avisábamos en nuestro anterior artículo: entre tantas películas, los grandes sacrificios están reservados a un grupo selecto. Así es como estos días vamos a dejar pasar cosas con estreno programado, como La vida de Chuck (por más que tenemos especial afición por su director, Mike Flanagan), Sisu: Camino a la venganza (previsiblemente dos tazas de lo que hizo triunfar a la primera) o Black Phone 2 (seguramente no es el proyecto más excitante en el que podía embarcarse el solvente Scott Derrickson).

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Crónica Sitges 2025 (II): Buffet libre

Ya se sabe que el fin de semana suele venir cargadito, así que no es de extrañar que el primer sábado de Festival nos hayamos colocado en la parrilla cinco películas. No acostumbramos a madrugar para la sesión despertador si no es por algo especial, y esta vez nos sacrificamos por Paul Urkijo, que estrena Gaua tras el arrollador estreno de Irati hace unos años. Urkijo continúa su exploración del folclore vasco y, en esta ocasión, se centra en el mundo de las criaturas de la noche y las brujas. Articulada en relatos que, sin embargo, responden también a una narrativa global, Gaua crea una sugerente atmósfera de cuento popular oscuro, en el que los azules nocturnos se mezclan con los anaranjados de la hoguera, y en el que los caminos de los espíritus paganos se cruzan con los de las desheredadas de la tierra. Puede que esta última cinta del director no llegue al nivel de Irati, mejor articulada a nivel narrativo, y en la que el tono aventurero compensaba la falta de ritmo interno que aquejan en ocasiones sus planos y secuencias, pero sin duda se mantienen las lecciones aprendidas tras la más modesta Errementari (2017), y es imposible no valorar la militante línea creativa del vasco, dispuesto a salvar cierto tipo de fantástico que se encuentra totalmente desaparecido del panorama nacional.

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