Selección de estrenos: noviembre 2025

Si el mes pasado ya tuvimos algunos estrenos sospechosamente enganchados a Sitges, que incluían incluso a la ganadora del certamen, este mes el fenómeno continúa (lo cual certifica tanto la intensidad como la poca confianza de las distribuidoras sobre la influencia del Festival en el tiempo). Ya hablamos de propuestas interesantes sobre conspiranoias, distopías o brujería, que el lector puede localizar con facilidad en la cartelera a lo largo de los próximos días. Así que vamos a apostar aquí por una propuesta diversificada y diferente a lo que nos ha tenido ocupados durante todo octubre. Tendremos tiempo de recuperar algunos estrenos atrasados hasta final de mes, cuando llegue lo siguiente:

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Crónica Sitges 2025 (VIII): El largo adiós

Tras diez días intensos de cine, llegamos por fin a nuestra última jornada de festival, y lo hacemos dejándonos caer a primera hora de la mañana por el Melià para evaluar la película de clausura de este año, La larga marcha. Adaptada de una novela de Stephen King (autor adaptable y adaptado donde los haya), se trata de una muestra de lo que podríamos llamar terror social: en un EE.UU. distópico, un grupo de jóvenes participa en una competición que consiste en caminar sin parar hasta que solo quede uno. La marcha está supervisada por el ejército de forma que, como puede suponerse, las retiradas no son exactamente pacíficas… Escrita en 1979 (cuidado, mucho antes incluso que cosas como Battle Royale), la situación que retrata King tiene interesantes ecos en el mundo actual, en un nuevo alarde de lucidez por su parte, que puede contrastarse recuperando también cosas como La zona muerta. Ello, sumado a la eficaz dirección de Francis Lawrence -director de las estimables Constantine (2005) o Los juegos del hambre: En llamas (2013)-, que consigue mantener el interés constantemente pese a estar realizando una road movie a pie y sin apenas digresiones, y a la dupla protagonista formada por Cooper Hoffman (hijo del gran Philip Seymour) y David Jonsson (lo mejor de Alien: Romulus -Fede Álvarez, 2024-), convierten a La larga marcha en una sólida pieza de cine comercial que además tiene cosas que decir y no reniega de la crudeza de su material. Es decir, una grata sorpresa.

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Crónica Sitges 2025 (VII): Más allá del nombre

Sin comerlo ni beberlo, es ya el segundo y último viernes del festival y se nos han acumulado algunos nombres conocidos en la parrilla. Pero va a ser precisamente la cinta más peligrosa la que nos va a proporcionar la propuesta más estimulante de esta jornada. Todavía sin saber esto, empezamos la mañana en el Auditori con la sala repleta para ver el Frankenstein de Guillermo del Toro, como ya dijimos una de las personas que más merecen adaptar nuevamente esta novela atemporal. Por eso nos causa sorpresa que la película nos deje bastante fríos. Tratándose de una temática tan cercana a la sensibilidad del director mexicano, resulta sorprendente encontrarse con una versión con la que conectemos tan poco a nivel emocional. Es una mezcla del exceso de espectacularidad, una estética demasiado limpia (tal vez por el hecho de estar fotografiada para Netflix) y un metraje a todas luces excesivo, con dos horas y media que dividen la película (no de forma muy acertada) entre el relato del doctor Frankenstein y el de la criatura. El Víctor de Oscar Isaac es verdaderamente odioso, pero no se le atisba el raciocinio de un genio, mientras que el monstruo de Jacob Elordi no llega a sentirse todo lo cercano que uno desearía. Tendiendo un puente entre los dos mundos se encuentra Mia Goth, de lo mejor de la función pese a su breve aparición. Paradójicamente, la que pensábamos que podía ser el culmen de la filmografía de Del Toro es posiblemente su obra más floja, que pese a los grandes decorados y el saber hacer del director, peca de una grandilocuencia que no se congratula con una historia que, principalmente, late desde el deseo íntimo y desesperado de un repudiado por ser aceptado y amado tal y como es.

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