Crónica Sitges 2020 (IV): Cuentistas

Tras un pequeño receso, empezamos nueva jornada en Sitges con ánimo folclórico. Hemos escogido lo último del indonesio Joko Anwar, Impetigore, como primer contacto con su cine, y la cosa va de una chica que descubre que puede haber heredado una fortuna de su olvidada familia, y decide acercarse al poblado donde tenían su casa para ver si aquello la saca de apuros. La ambientación de Impetigore es probablemente lo más conseguido de la película, y tiene el plus de lo exótico para los que nos encontramos en las antípodas de los bosques y aldeas aisladas que retrata. Se puede captar el poder del misticismo, la tradición y las supersticiones que aquí se invocan. Pero también es cierto que Anwar no acaba de acertar a la hora de encarar las escenas más inquietantes. La película se va atascando poco a poco, y si bien el cuento maldito que descubre es entretenido, lo hace con recursos un tanto rupestres, con eternos flashbacks que pecan de exceso discursivo y que alargan el tercer acto hasta el cansancio. Lo dicho, al que le pueda el exotismo le parecerá atractiva; al que busque la nueva revelación del terror de maldiciones, tendrá que seguir probando en otro lado.

Otra película que no parece tener predicamento alguno entre el público es Valley of the Gods, pero mira por dónde, a nosotros nos hace bastante gracia. Nos ha traído hasta aquí el saber que el director, Lech Majewski, es también poeta. Y como siempre nos gusta explorar puntos de vista peculiares, nos adentramos en esta parábola que entremezcla a un escritor en crisis, un multimillonario excéntrico y una tribu navaja cuyas tierras están al borde de la explotación minera. Conceptualmente Valley of the Gods es bastante simple, por momentos naif, a la vez que está presentada de una forma un tanto extravagante. Y seguramente es ésto lo que a mucha gente le repele de la película, o la empuja a la siesta (son las cuatro de la tarde, no se les puede culpar): demasiada parafernalia visual para el sencillo mensaje espiritual y naturalista que propone. Pero también se puede apreciar por el cómo, y su división en capítulos, la imaginería estrafalaria de la parte ‘rica’, la belleza de las imágenes de la parte ‘natural’, la presencia de John Malkovich, Josh Hartnett y Keir Dullea… consiguen que la recorramos de principio a fin con una sensación agradable. Es extraña, excesiva y a la vez calmada, así que está llamada a polarizar opiniones.

Volvemos al terreno clásico, ése que tanto disfrutamos cada año, y que tiene su hogar natural en el Prado. Esta vez se recupera À Meia-Noite Levarei Sua Alma, película referente del fantástico brasileño, que presenta a un personaje que se haría famoso, y que si nos suena de algo por estos lares es precisamente gracias a Sitges: el enterrador Zé do Caixao. Lo interpreta el mismo director, el ya fallecido José Mojica Marins, que llegó a pasarse por el festival no hace tantos años. La película data de 1964, y resulta una rara avis dentro del cine de su país, si no internacional. El personaje de Zé es malévolo, violento y misógino hasta el asesinato, y a la vez atisba algunas verdades a través de su sacrílega mirada. Es en esa confrontación de discursos donde reside el atractivo de su figura, y resulta sorprendente el punto de vista que toma la narración, de la cual es absoluto protagonista. La cinta tienen un carácter casi amateur, modestísima en recursos, pero también cargada de una extraña energía que suple sus carencias. Cabe decir que sólo será apreciada por el interesado en el cine de género y su historia, pero cuenta con un peculiar atractivo, fruto de la entrega de Marins, la sencillez de su propuesta y su total incorrección política.

Volvemos al presente, y nos encontramos en las antípodas del bueno de Zé: preocupación estética, narración clásica y mensaje desatadamente místico-espiritual. Puede que el contraste tan fuerte tenga su efecto, pero lo cierto es que The Book of Vision nos parece realmente floja. Primer largo de Carlo Hintermann, apadrinado por Terrence Malick (su principal cebo publicitario), cuenta la historia de una doctora que explora la vida de un médico del siglo XVIII, interesada en la relación personal perdida entre doctor y paciente. Es una bonita idea, pero que se diluye en un juego de flashbacks y paralelismos bastante anodino, en el que los actores representan papeles distintos en ambas líneas temporales. La cuestión es que la historia del viejo Dr. Anmuth no tiene al final tanto que decir, por muchas ganas que le ponga el siempre solvente Charles Dance; que el guión es poco sofisticado para las exigencias que él mismo se ha impuesto (por poner un ejemplo, tras media hora de este cruce entre pasado y futuro, la protagonista cuestiona a otro personaje literalmente por lo que se nos ha estado narrando con imágenes hasta el momento); y que la tesis final es de un New Age tan subido que estomaga -y lo dice un admirador del mismo Malick o de Naomi Kawase. Así que la poesía que desprende en algunos momentos, la bondad que transmite Dance y el mensaje esperanzador no son suficientes para levantar The Book of Vision por encima de lo mediocre. Y bien mal que nos sabe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .