Crónica Sitges 2018 (VI): Cuestiones de fe

A veces la suerte acompaña, y parece que sentimos una satisfacción propia de haber aportado algo de nuestra parte. Esta mañana decidimos saltarnos la primera proyección para descansar un poco, y de rebote nos libramos del aguacero que ha asolado Sitges y que ha dejado a muchos compañeros al borde del trancazo. Todos los años pasa en algún momento, y en esta ocasión, por pura casualidad, nos hemos librado. Así que secos, con un par de horas más de sueño encima y ese orgullo totalmente injustificado, nos dirigimos a la sesión de media mañana en el Auditori.

Viene de la mano de S. Craig Zahler, que se ha convertido con rapidez en uno de los favoritos entre los asistentes con tan solo dos películas, Bone Tomahawk (2015) y Brawl in Cell Block 99 (2017). Con un encomiable ritmo de producción, este año el director trae Dragged across concrete, y nos decimos a nosotros mismos que por mal que vaya, siempre nos quedará la presencia de Mel Gibson (junto a Vince Vaughn, que repite a las órdenes de Zahler). Historia de polis duros, por momentos la película parece exudar trumpismo; pero la cosa va más allá. Primero, porque sus personajes no dejan de ser el reflejo de un sector de la sociedad que existe y que hay que contemplar, y ayuda a explicarse ciertas cosas, y segundo, porque hay un subtexto que es mucho más ambiguo y abierto a interpretaciones. Y al final, Zahler reparte a diestra y a siniestra. Entre unas cosas y otras, los protagonistas están en su salsa y el desarrollo es lo suficientemente magnético como para superar el escollo de un abultado metraje. Parte del público destaca que la explosión de violencia no es tan contundente como en sus anteriores películas, pero no es eso algo que nos preocupe -si acaso ayuda a romper expectativas poco deseables de cara a futuras obras del director- y en conjunto nos parece más equilibrada que la interesante Bone Tomahawk.

dragged-across-concrete-1

Con ganas de un poco de ciencia ficción, nos dirigimos después a Perfect, película apadrinada por Steven Soderbergh y que nos despierta fantásticas sensaciones iniciales gracias a un diseño de producción espectacular y un entorno con personalidad propia, muy alejado de lo cotidiano. Pero al cabo de un rato comienzan a surgir los problemas. Porque la voz en off teóricamente profunda que ya había aparecido al inicio acaba por empantanar la narrativa. Es confusa y en el fondo vacía, sin ningún mensaje claro. Así que si el desarrollo difuso de la trama podía ser sugerente, lleno de imágenes sugestivas, llegados a un punto se hace cansino, porque realmente no parece que vaya a ningún lugar concreto mientras simultáneamente nos intentan vender lo contrario. El viaje de la película va pues de lo inmersivo a lo irritante sin solución de continuidad. Una verdadera lástima.

De ahí saltamos a la concreción y objetividad del cine polaco con Fuga, el “¿qué hace ésto en la Sección Oficial?” de este año. No porque la película no pueda merecer estar dentro de una selección competitiva, sino porque se trata de un drama puro y duro, que difícilmente encaja en el festival por mucho que éste aborde el fantástico desde una óptica militantemente abierta de miras. De corte muy Cannes, en Fuga seguimos a Alicja, una mujer que ha perdido la memoria y no recuerda su antigua vida -padres, marido e hijo incluidos. Se va a enfrentar a ello con todo el estoicismo del mundo, porque realmente no siente que pertenezca a ese grupo de personas en el que todos pretenden reencajarla. De dirección impecable, el nivel de agrado de la película dependerá de lo cercano que pueda sentirse el espectador al tema, dada la inherente frialdad de la cinta. Es difícil encontrarle pegas a Fuga, puede que una de las películas más sólidas a nivel formal del Festival, pero también es cierto que costará situarla entre nuestras favoritas. Paradojas de la vida.

fuga

En cambio, cuesta no incluir en esa lista de privilegiadas a la siguiente en cola, Lazzaro felice. Recogiendo toda la tradición del cine italiano, Alice Rohrwacher filma en Super-16 una película tremendamente bella y de espíritu arrebatador. Una comunidad rural, una marquesa que parece estar fuera de lugar… y en el centro de todo ello Lazzaro, un joven en cuya mirada parece estar contenida toda la bondad del mundo. Y es que incluso si la película acaba yendo de eso, el casting del embelesado protagonista es ya de por sí un milagro. La de Adriano Tardiolo es una de esas caras que te acompañan durante mucho tiempo y que no solo transmiten, sino que crean el espíritu de la película. Lazzaro felice rompe una lanza en favor de la honestidad, y por el camino es difícil no sufrir, porque ya se sabe que el honesto no siempre es recompensado, y que muchas veces le toman el pelo. Pero eso no hace desfallecer a la historia ni a su protagonista, que abogan por la creencia de que aquello realmente bueno del ser humano puede trascender el espacio y el tiempo. Así que, a pesar de ser tal vez demasiado larga (como dos tercios de las cintas del festival), se le perdonan los pecados por el planteamiento único y el sedimento que deja en todos los que la ven. Lazzaro felice es cine del que te hace querer ser mejor persona, y no siempre valoramos esa aportación en la medida que deberíamos.

LAZZARO-FELICE-1864x1048

Para finalizar la jornada, el contraste es brutal. Porque si salimos en una nube con el toque celestial de Lazzaro felice, lo siguiente es un descenso a los infiernos con Lords of chaos. Relato del nacimiento del black metal, en Lords of chaos el músico y director Jonas Åkerlund toma como protagonista a Øystein Aarseth (Euronymous), guitarrista que fundó Mayhem, la primera banda de este estilo de metal extremo. A partir de ahí, todo se vuelve no sólo rocambolesco, sino peligroso y violento. Es mejor no revelar demasiado para que el lego en la materia pueda vivir la historia de primeras, pero resulta extrañamente atrayente e inquietante el saber que los episodios más peculiares y escabrosos ocurrieron realmente. Para muestra, esta es una de las pocas películas en Sitges que no provocaron aplausos en sus escenas más violentas, algo muy significativo dentro del festival. A la vez, resulta curioso el contrapunto humorístico que introduce Åkerlund y es que, si algo nos hace descubrir la historia, es que tras unos sucesos de lo más sórdidos lo que seguía habiendo era un grupo de chavales que no sabían muy bien qué hacer con su enfado. En la parte negativa, el apartado musical está sorprendentemente desaprovechado, con demasiadas concesiones al lugar común teniendo en cuenta la historia marginal que cuenta y el jugo que se le podría haber sacado a la banda sonora. Pero la película es muy entretenida, y una ventana a los inicios de un estilo musical que está viviendo una segunda juventud.

lords-of-chaos-still-2_24175749577_o.jpg

Anuncios

Una respuesta a “Crónica Sitges 2018 (VI): Cuestiones de fe

  1. Pingback: Selección de estrenos: noviembre 2018 | PlanoContraPlano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.