Crónica Sitges 2014: Día 1

Vuelve Sitges, vuelve una de las semanas (y media) más apasionantes del año. De las que nos hacen babear cuando se acercan y deprimirnos cuando se acaban. El Festival viene este año muy cargado, incluso más de lo habitual -se habla de un total de 200 películas programadas- con lo cual resulta imposible siquiera acercarse a la mitad del material que pasará por las pantallas durante los próximos diez días. Intentaremos, eso sí, que la reseña sea, como mínimo, significativa.

logofest2014

La primera, en la frente. Si hay una palabra que describa las sensaciones con respecto a la película de inauguración del festival este año, “[•REC] 4“, esa es decepción. No porque la ‘agraciada’ sea estrictamente mala, sino porque carece del alma que hizo famosa la saga. Se trata, con diferencia, de la propuesta más genérica de la serie, aquejada de una falta de identidad que supone un atentado a las mismas bases de la tetralogía. Parece como si Jaume Balagueró hubiera olvidado las palabras con las que presentaba Paco Plaza su  excelente “[•REC]³ Génesis”: “creo que si algo conectó de ‘[•REC]’ con la gente era que de alguna forma estaba contada de una manera diferente a la que te esperabas o a lo que se supone que es cómo tienes que hacer una peli de terror” [el resto de sus jugosas declaraciones, aquí]. O, en su defecto, como si no se le hubiera ocurrido nada mejor para concluir su propia historia (atención, en ese sentido, a la ausencia del subtítulo “Apocalipsis” que se advierte ya desde los últimos tráilers). En cualquier caso, “[•REC] 4” sigue los patrones estadounidenses más trillados, adolece de una dirección cuestionable -algo sorprendente teniendo en cuenta lo bien articulada que estaba la última película del realizador, “Mientras duermes” (2011)- y, horror, por momentos me hace recordar (salvando distancias) aquella infecta coproducción catalano-serbia de 2009, “Zone of the dead”.

Nadie parece querer comentar demasiado a la salida, tal vez porque a todos nos sabe mal reconocer que esperábamos mucho más. Por ahora, la estupenda saga termina en punto bajo. Pero ésto no ha hecho más que empezar.

Todo el mundo está muy pendiente de “The badadook”, película de terror australiana que está cosechando un notable éxito en los diferentes festivales donde se proyecta. Un niño (y de rebote, su madre), se ven acosados por una suerte de hombre del saco con cuchillas a lo Eduardo Manostijeras. Aunque el tráiler no me inspira especial confianza, me acerco con la intención de comenzar mi andadura por Sitges con algo más de rock’n’roll, ya que parece una propuesta de género pura y dura. También me hace gracia, por qué no decirlo, el hecho de que esté escrita y dirigida por una mujer, Jennifer Kent. Ciertamente, la película entretiene, tiene un puñado de escenas de lo más efectivas, está bien interpretada, aunque tampoco aporta grandes novedades y en otros momentos transita por la delicada línea que separa el delirio estimulante del ridículo. Me siguen pareciendo más convincentes, dentro del terreno de lo sobrenatural, las propuestas del señor James Wan. Aún así, bien merece un vistazo.

Un cuento con final ¿feliz?

Tras la necesaria pausa para afincarse y no tener que dormir al raso cuando caiga la noche, llega el momento de la bizarrada japonesa de turno (siendo, además, que no voy a poder disfrutar de la maratón nocturna dedicada exclusivamente a este tipo de materiales abyectos). “The pinkie”, de Lisa Takeba -que se acerca, todo encanto, a presentarla al cine Prado-, es una colección de excentricidades coloristas, fotografiadas a bajo presupuesto, graciosas a ratos y cargantes por lo superficial en otros. No puedo evitar soltar una breve cabezada, y cuando me reincorporo no soy capaz de conectar más de lo que lo había conseguido al inicio. Es decir, poco. Por alguna razón que desconozco, esta sarta de simpáticas tonterías no me parece igual de sincera que las que perpetra (porque esa es la palabra) el salado Noboru Iguchi. Habrá quien me lo discuta.

Seguida de ésta, y también en formato de mediometraje, pues las dos propuestas duran tan solo una hora, llega la nueva película de Kiyoshi Kurosawa, un director muy querido por el festival, pero que me tiene sufriendo durante toda la proyección ante el recuerdo del clímax con plesiosaurio incluído de “Real” el año pasado. “Seventh code” resulta mucho mejor y, a la vez, igual de desconcertante, por razones que no vale la pena desvelar. Una misteriosa chica, la cantante Atsuko Maeda, sigue hasta la mismísima Rusia a un señor que la dejó tirada tras la primera cita. Argumentalmente, la cinta es tremendamente sencilla, e incluso previsible (a excepción del pequeño detalle que cambia su propio concepto como película, ya al final de la proyección). Pero está rodada con tal elegancia que es difícil no dejarse llevar por ella. Al acabar, uno no sabe decir si le han tomado el pelo o le han mostrado una pequeña genialidad.

Mientras en el Auditori se proyecta de nuevo la película de inauguración, esta vez con todos los honores (aunque con una recepción similar por parte del público), nos dedicamos a cenar ligeramente. Y, mientras en los jardines del hotel Melià, tras los correspondientes protocolos, debe estar teniendo lugar un cóctel de lo más entretenido, sin ser casi conscientes de ello, nos adentramos de nuevo en la sala de cine.

La última apuesta del día corre a cargo de James Franco, hombre arriesgado donde los haya, como hemos podido comprobar últimamente. Con “Child of God” se la vuelve a jugar, y acierta de nuevo. Su película (y aún nos quedan unas cuantas por ver entre este año y el que viene, puesto que se está revelando sorprendentemente prolífico) es una historia seca y austera donde las haya, sobre un sociópata borderline que vive en los parajes de Tenessee, allá por la América profunda. Partiendo de una novela de Cormac McCarthy -autor de libros como “No es país para viejos” o “La carretera”-, Franco violenta otra vez los límites de nuestra empatía, poniéndonos a prueba con resultados más que interesantes. A pesar de ser una figura que me genera ciertas contradicciones, no cabe duda de que como realizador sigue prometiendo, o más bien consagrándose. Cine sin concesiones. A ésto hemos venido.

Una peli durilla como la cara del protagonista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s