Crónica Sitges 2012: Día 7

Oliendo que el segundo madrugón de la semana va a pasar factura, me dirijo a ver la primera sesión del Auditori, donde se proyecta la ópera prima de Brandon Cronenberg, “Antiviral”. Tal y como vaticinan los diversos medios, los parámetros por los que se mueve la obra recuerdan poderosamente a la primera etapa de su padre. En una atmósfera de futuro cercano y moviéndose con éxito por el terreno de la solemnidad cargada a la vez de humor negro, la historia sobre la obsesión por las celebrities resulta hipnótica. Con ciertas reminiscencias de la ‘Nueva Carne’, este suspense médico-industrial conforma una de las apuestas más destacables y arriesgadas de la Sección Oficial, y marca un buen inicio para la carrera del realizador.

No voy a esconderlo: he utilizado “The tall man”, la nueva película de Pascal Laugier (director de “Martyrs”) como sparring onírico. Tras un primer cuarto de hora que no augura nada de interés destacado, duermo durante aproximadamente la mitad de la película, para despertar justo a tiempo para presenciar la última media hora –equivalente al tercer acto- del filme. Aún con ciertos puntos de interés (el monólogo de una solvente y siempre bella Jessica Biel sorprende entre ellos), sigo sin encontrar nada que la vaya a hacer especialmente reseñable. Esta historia de niños desaparecidos quedará seguramente relegada en los próximos años a alguna noche tonta de fin de semana en la televisión.

Mucho mejor es el resultado de “Grabbers” (Jon Wright), la película estrella de esta edición en cuanto a monstruitos se refiere. Ambientada en una bella isla de Irlanda, y aunque se deja llevar por la tentación de una fotografía demasiado suave para hacer lucir el paisaje, esta propuesta de carácter lúdico es una de las películas que mejor cuerpo dejan en lo que llevamos de festival, y se postula como la cinta ideal para ver con amigos. Hace alarde de un sano sentido del humor y cuenta con una pareja protagonista cargada de carisma y humanidad –sobretodo Ruth Bradley, una actriz de asombroso encanto, de esas que enamoran con cuatro planos. A pesar de no aportar grandes novedades al subgénero, es un producto solvente y altamente adictivo, que se pasa volando y se hace querer.

Tras tomarme una parada anormalmente larga para comer con mis ex-compañeros de Jurat Jove del pasado Festival, es inevitable escoger como siguiente destino la clase magistral que ofrece Dario Argento, ni que sea por el morbo malsano de ver si suelta prenda sobre el descalabro de “Drácula”. La conferencia resulta interesante y repasa varios puntos clave de su carrera: lo duro de los inicios en el mundo del cine, la influencia de sus gialli en el cine contemporáneo, el proceso creativo alrededor de “Suspiria”, algunas curiosidades sobre “Phenomena” y su relación con George A. Romero durante la realización de “Dawn of the dead” centran los temas de partida que le plantea Ángel Sala. Comienza el turno de preguntas, y debo abandonar la sala mientras alguien le ataca sobre su vertiente como productor y la película “Demons” de Lamberto Bava.

Es la hora de ir a ver la presentación de mi amigo @Gerard_Fossas sobre los motivos visuales del cine apocalíptico. Durante cerca de una hora repasamos el centro de atención sobre tal temática a lo largo de la historia del séptimo arte, partiendo de los años cincuenta con el temor atómico en su auge y hasta la actualidad, en que se produce un giro hacia causas más abstractas y al interior del ser humano. Será la única vez que pise el espacio Brigadoonen, ese refugio gratuito en el que pasé mis primeras ediciones del festival, en todos estos días.

Hace demasiado que no vemos ninguna película, de manera que decidimos cerrar la jornada con “Caterpillar”, cinta de Kôji Wakamatsu que no tenía previsto ver en un principio. La premisa entorno a la vida de un soldado japonés lisiado tras su participación en la Segunda Guerra Mundial me remite al mangaka Suehiro Maruo y, al descubrir que efectivamente está basado en una de sus historias, no puedo resistir la tentación. La decepción es considerable. A pesar de contar con ciertos valores, la película hubiera resultado en un fantástico mediometraje, pero por el contrario acaba siendo agotadora en su redundancia, y por el camino pierde parte del perturbador mundo de Maruo, autor transgresor y moralmente discutible donde los haya, que aportaría los elementos de mayor interés del filme.

Como toca recogerse pronto, lo último que hago es tomar unas cervezas con algunos colegas, mientras pasamos de hablar del festival a discutir sobre Fassbinder y más tarde Spielberg (eterno e interesante objeto de debate en cualquier conversación cinéfila).

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