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Crónica Sitges 2023 (VI): Grandes esperanzas

Jornada complicada en Sitges, con un puñado de películas sobre las que nos hemos generado notables expectativas y, ay, ya se sabe lo peligrosas que son las expectativas… Sin embargo, comenzamos la mañana, mientras oímos cómo todo el mundo alaba Pobres criaturas de Yorgos Lanthimos (ya sabíamos que iba a ser una gran destacada del festival, pero nos ha dado por esperar a su estreno para priorizar opciones más complicadas de cazar), con una cinta que nos despertó curiosidad al revisar la programación y que afortunadamente cumple con gracia sus planteamientos. Se trata de la japonesa Best wishes to all, la primera de Yûta Shimotsu. En ella, una joven estudiante de enfermería visita a sus abuelos en el campo y empieza a notar comportamientos extraños, que tal vez había atisbado de pequeña, pero que ahora se vuelven más incómodos y agudizados que nunca. Resulta muy útil para navegar por la cinta la clave que nos ha proporcionado el director durante la presentación, según la cual la historia se basa en una creencia popular por la cual la felicidad de unas personas está ligada a la desgracia de otras. Con esta idea en mente, se descifra mucho mejor una cinta extraña (tomen nota los de All you need is death), que nos hace recordar en su primera parte a La visita de M. Night Shyamalan (2015), que mezcla lo cómico con lo enrarecido y que va creciendo en extravagancia pero sin llegar a perder nunca el foco, generando algunos momentos bastante escalofriantes. Así que salimos del Auditori pensando, esperanzados, si no estaremos a las puertas de una nueva etapa de florecimiento del cine japonés.

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Crónica Sitges 2023 (V): Ilusiones y pesadillas

Con la nueva semana, van a llegar los baches a nuestra programación. Lo que aparentemente nos parecía una selección personal sin fisuras, va a empezar a hacer aguas por los lugares más inesperados y nos va a recordar que las buenas y malas sorpresas en Sitges son marca de la casa, y que no queda otra que tomarlas como parte de la experiencia. Sin prever esto aún, nos da por madrugar como si fuera un lunes cualquiera para ver El exorcismo de Eastfield. Siempre tenemos sumo cuidado con la sección Panorama, pero las ganas de ver alguna novedad tras el bloque de clásicos del fin de semana y la atracción por el subgénero diabólico consiguen sacarnos de la cama. La apuesta resulta acertada: el australiano Nick Kozakis se centra en un caso real para poner el foco en la víctima del mismo y en el papel de su comunidad a lo largo del proceso. De repente, aquí el exorcismo se revela como un acto de secuestro y tortura sobre una persona psicológicamente atormentada, y eso lo cambia todo. La apuesta consigue incomodar por su crudeza (tan o más fuerte que la demoníaca) y su retrato del fanatismo religioso. Con una convincente Georgia Eyers en el papel principal, la película resbala si acaso en una resolución un tanto melodramática y porque en ocasiones cae en lo histriónico, pero aún así consigue aportar algo nuevo a las gastadas fórmulas, lo cual ya es de agradecer.

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Crónica Sitges 2023 (III): Cuanto peor, mejor

Debería abrirse una investigación sobre nuestra dificultad para mantenernos durante más de una proyección sin echar una pequeña cabezada, da igual si la cinta es buena o mala (una problemática más extendida de lo que parece entre los asistentes al festival); por el momento, para explorar el tema van saliendo películas como Sleep, que son seguramente más interesantes… Ópera prima de Jason Yu, en ella una pareja ve como su vida zozobra cuando él empieza a tener problemas de sonambulismo. La situación se va volviendo cada vez más inquietante conforme los episodios se vuelven más violentos, sobretodo teniendo en cuenta que la protagonista está a punto de tener un niño… Es un interesante planteamiento que da para una película realizada con tino, que consigue transmitir eficazmente la sensación de peligro (cosa difícil a estas alturas de la vida) e interpretada con el habitual convencimiento e intensidad de los actores coreanos. Cuenta, además, con un buen giro en el último acto que, si bien algo abrupto, pliega la película sobre sí misma añadiendo una nueva capa de pintura que, aún sin convertirla en algo memorable, completa una carrocería sin fisuras. Al público le encanta y habla de ella durante todo el fin de semana; nosotros, mientras tanto, nos quedamos algo enfurruñados sin entender cómo el cine de terror está tan plagado de personajes capaces de domirse hasta de pie aún bajo peligro de muerte.

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