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Crónica Sitges 2023 (VII): Derribando géneros

Con ganas de remontar, nos pegamos el madrugón para asistir a la sesión despertador del Auditori. No tenemos alternativa: Takeshi Kitano estrena película, y es una de esas selectas personalidades que se han ganado a pulso que las sigamos allá donde vayan, independientemente del resultado. Su última ocurrencia es Kubi, una de samuráis que pasó por Cannes sin pena de gloria, y que aterriza en la Sección Oficial de este Sitges. Historia de rivalidades entre señores de la guerra, líderes de clanes y múltiples facciones, lo mejor es no obsesionarse con el quién es quién en Kubi. Como pasa en muchas producciones de época de este estilo, la cantidad de nombres y relaciones puede avasallar al espectador desprevenido. Pero al final, basta con estar al tanto de los cabecillas en liza y disfrutar viendo cómo se desarrolllan las conspiraciones, peleas, equívocos y engaños. Y de todo ello anda sobrada la última producción de Kitano que, sorprendentemente, es la más grande en escala de cuantas haya rodado. Algo muy curioso a estas alturas de su carrera, cuando parecería que su etapa dorada como cineasta pasó y hacía ya seis años desde su última película.

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Crónica Sitges 2023 (VI): Grandes esperanzas

Jornada complicada en Sitges, con un puñado de películas sobre las que nos hemos generado notables expectativas y, ay, ya se sabe lo peligrosas que son las expectativas… Sin embargo, comenzamos la mañana, mientras oímos cómo todo el mundo alaba Pobres criaturas de Yorgos Lanthimos (ya sabíamos que iba a ser una gran destacada del festival, pero nos ha dado por esperar a su estreno para priorizar opciones más complicadas de cazar), con una cinta que nos despertó curiosidad al revisar la programación y que afortunadamente cumple con gracia sus planteamientos. Se trata de la japonesa Best wishes to all, la primera de Yûta Shimotsu. En ella, una joven estudiante de enfermería visita a sus abuelos en el campo y empieza a notar comportamientos extraños, que tal vez había atisbado de pequeña, pero que ahora se vuelven más incómodos y agudizados que nunca. Resulta muy útil para navegar por la cinta la clave que nos ha proporcionado el director durante la presentación, según la cual la historia se basa en una creencia popular por la cual la felicidad de unas personas está ligada a la desgracia de otras. Con esta idea en mente, se descifra mucho mejor una cinta extraña (tomen nota los de All you need is death), que nos hace recordar en su primera parte a La visita de M. Night Shyamalan (2015), que mezcla lo cómico con lo enrarecido y que va creciendo en extravagancia pero sin llegar a perder nunca el foco, generando algunos momentos bastante escalofriantes. Así que salimos del Auditori pensando, esperanzados, si no estaremos a las puertas de una nueva etapa de florecimiento del cine japonés.

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