Selección de estrenos: octubre 2018

Se presenta octubre con un par de títulos esperanzadores que animarán un poco el mes. El primero de ellos llega este viernes 5, y es lo nuevo de Pawel Pawlikowski, el director de la magnífica Ida (2013). Se trata de Cold War, una de amores tormentosos durante la Guerra Fría. Se aferra el polaco al blanco y negro que tan bien le sentaba a su última película, y parece que le funciona, porque se llevó el premio al Mejor Director en el último Festival de Cannes.

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El reverendo

Paul Schrader es una de esas figuras definitorias de lo que es el cine moderno, y tal vez por ello consigue mantener su actividad en el medio, si bien moviéndose en los márgenes de la industria. No puede ya jugar en la liga del mainstream porque es demasiado apasionado para llegar a las masas. Porque su pasión va hacia dentro, y en ese espacio interior se agitan sensaciones y percepciones que no suelen ser plato de buen gusto. Afortunadamente, consigue seguir levantando proyectos; que actores de primera línea se interesen por ayudarle a sacar adelante sus películas. Y, por ende, nos permite seguir accediendo a ese mundo atormentado, enfermizo, pero también veraz y rico, que consigue lanzar dardos al sistema desde dentro del sistema, algo tan necesario como infravalorado.

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Momentos de cine: La génesis de Neo-Tokyo

Hay muchas maneras de empezar una película. Y también es habitual encontrarse con muchas ocasiones perdidas a la hora de aprovechar ese momento de arranque para hacer algo sustancial. Tarea que tal vez no sea tan fácil como parece. En el otro extremo, se encuentra nuestro ejemplo de hoy: Akira de Katsuhiro Otomo (1988). La película de Otomo es relevante por muchas cosas, entre ellas el que hoy atendamos a la animación japonesa de la manera en que lo hacemos. Y es evidente que sus primerísimas imágenes contribuyen a que caigamos sin remisión ante esta obra maestra del dibujo animado.

La película se abre con un plano cenital de Tokyo que hace panorámica hasta visualizar el horizonte. La quietud es absoluta (de hecho todo, incluidos los coches, está pintado como un fondo) y el único sonido que oímos es el del viento; tal vez por la altura a la que estamos, tal vez porque todo ha quedado ya en silencio, como preconizando el desastre que está a punto de ocurrir.

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