Seguramente por casualidad, en nuestra última jornada en el Americana se juntan tres películas que tienen como denominador común una cierta sensación de desesperanza (que no necesariamente de pesimismo, como apunta la segunda de ellas). Sin apenas descanso entre una y otra, salimos ya casi a media noche bastante agotados, pero también satisfechos con la experiencia.
Nuestra particular maratón la abre Friday’s child, la segunda cinta de A. J. Edwards, colaborador de Terrence Malick en varios de sus últimos proyectos. La influencia del que ha ejercido como su mentor resulta palpable, pero también es cierto que Edwards consigue que Friday’s child transmita su sensibilidad personal. Se perciben fácilmente ecos en las formas, pero hay intenciones distintas en el fondo. Sigue leyendo