Crónica Sitges 2012: Día 10

El final es inminente, de forma que no hay que perder ninguna oportunidad de ver cine. A primera hora, somos una multitud los que nos personamos religiosamente en el Auditori para ver la obra escogida como cierre del Festival, «Looper«, de Rian Johnson. Esta película de suspense sobre viajes en el tiempo será, prácticamente sin duda, el blockbuster de más calidad del año. Entre otras cosas, porque es un blockbuster medido, en el que no se gastan millonadas porque sí, en que los medios están siempre supeditados a la historia y a los personajes. Johnson no teme dar a éstos últimos todo el protagonismo que  merecen, transformando el tramo central de la película prácticamente en un drama, dándole una cadencia poco habitual para un producto de estas características, dotando de profundidad al conjunto. Sigue leyendo

Crónica Sitges 2012: Día 9

Como no hay nada que me sulibelle a primera hora, decido aprovechar para descansar después de la trasnochada. Ya cerca del mediodía, un amigo me convence para que me olvide de lo nuevo de Makoto Shinkai, «Children who chase lost voices» -que pienso recuperar cuando pueda en DVD-, para visionar un clásico de neoculto, palabra que se lleva en el Festival de este año: se trata de «Nightbreed», de Clive Barker («Hellraiser», 1987).

La película se presenta de una forma bastante especial, que se da en llamar «Nightbreed: The Cabal Cut«. Es un corte nuevo de la aquí llamada «Razas de noche» (1990) que, según cuentan, fue una de esas ‘películas-escabechina’ por parte de la productora. El encargado de esta nueva versión, Russell Cherrington, usó un par de copias descubiertas con multitud de nuevo material pero un handycap muy importante: eran en VHS. Aunque explica que Barker lloró de emoción al ver recuperada su visión inicial de la película, lo cierto es que, como mínimo en pantalla grande, la experiencia se resiente bastante dados los múltiples y bruscos cambios de calidad, que deja bastante que desear. Sigue leyendo

Crónica Sitges 2012: Día 8

Me levanto para ir al Prado a ver una sesión que me hace especial gracia, ya que recoge, dentro de la subsección ‘Petit Format’ de Noves Visions, dos películas de una modalidad tan poco utilizada como la del mediometraje. La primera de ellas es «Mekong Hotel«, lo último del afamado director tailandés Apichatpong Weerasethakul (Premio de la crítica en Sitges 2010 por «Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas»). Como en sus otras películas, Weerasethakul apuesta por una experiencia radicalmente contemplativa, de planos amplios, largos, serenos, que fluyen lentamente como el río que acompaña el título. Parece que uno tiene tiempo sobrado de dejarse llevar -y así es- hasta que, como ocurriera por ejemplo en «Síndromes y un siglo» (2006), aparece un elemento que, de forma subterránea, hace que nos replanteemos lo que vemos, que de repente, y a pesar de la parsimonia del conjunto, parezca que, por momentos, no le seguimos el ritmo. Se vuelve la película una experiencia más activa, que termina finalmente en un remanso, un plano-meandro que nos invita, bien a cerrar conclusiones sobre lo que hemos visto, bien a dejarnos hipnotizar simplemente por la cotidiana belleza del conjunto.

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