Ya lo comentaba Werner Herzog en su visita a Barcelona del año pasado: en esos momentos, se estaba cocinando un documental a partir de las imágenes de archivo más espectaculares jamás tomadas sobre volcanes. Concretamente las del fondo fílmico de Katia y Maurice Krafft, dos vulcanólogos franceses que murieron en 1991, precisamente durante una erupción en el monte Unzen. Y es que los Krafft vivían por y para los volcanes, sin miedo a poner los pies en las calderas. Con un apasionado afán, para más señas, por registrar todo lo que veían. Con lo cual, a lo largo de dos décadas de carrera, acumularon horas y horas de material, trufado de imágenes imponentes y tomas cargadas de imprevista poesía.

