Fire of Love

Ya lo comentaba Werner Herzog en su visita a Barcelona del año pasado: en esos momentos, se estaba cocinando un documental a partir de las imágenes de archivo más espectaculares jamás tomadas sobre volcanes. Concretamente las del fondo fílmico de Katia y Maurice Krafft, dos vulcanólogos franceses que murieron en 1991, precisamente durante una erupción en el monte Unzen. Y es que los Krafft vivían por y para los volcanes, sin miedo a poner los pies en las calderas. Con un apasionado afán, para más señas, por registrar todo lo que veían. Con lo cual, a lo largo de dos décadas de carrera, acumularon horas y horas de material, trufado de imágenes imponentes y tomas cargadas de imprevista poesía.

La documentalista Sara Dosa ha tenido el lujo de acceder a todo ese legado audiovisual y el buen gusto para orquestar con él un destilado de hora y media, que es su propio viaje y una mirada curiosa, no sólo al mundo vulcanológico, sino a la pareja que lo hizo popular. Porque lo que más llama la atención de Fire of love es cómo integra el factor humano con las imágenes de naturaleza desbocada. Las cineastas – habría que mencionar a los co-escritores Shane Boris, Erin Casper y Jocelyn Chaput, estas dos últimas también montadoras- sienten un verdadero interés por los Krafft, que se convierten en inevitables co-protagonistas de la película, dada la indisoluble unión entre ellos y el material fílmico que produjeron. Dosa se pregunta quiénes son, por qué hacen lo que hacen, cómo es su relación sentimental… Aspectos que tan sólo pueden vislumbrarse desde el archivo y ante la ausencia de los científicos en carne y hueso, pero que reconstruye mediante un delicado uso del guión y la narrativa en off. Creando un hilo conductor necesariamente incompleto, pero que funciona porque está enamorada tanto de aquello que descifra como de lo que nunca llegará a conocer.

Hay en esa sincera curiosidad que evita juicios de valor, en la fascinación por fenómenos e individuos en crudo, y en la constante de una voz que guía la película algo que entronca precisamente con el maestro Herzog. Pero también un uso de recursos como las animaciones, el ritmo del montaje y la calidez a la hora de tratar el material humano que determinan un enfoque claramente personal. Al final, uno desearía poder observar durante minutos ciertas imágenes de belleza hipnótica, más grandes que la vida, apabullantes por su magnitud y cercanía. La atracción por el fuego, en definitiva, que siempre ha caracterizado al ser humano. Y Fire of love se propone saciar parte de ese hambre, puesto que no escatima en imágenes espectaculares, tanto en cantidad como en variedad. Pero más bien quiere articular un relato y usar esas tomas de lava, roca y cenizas en una línea que entroncaría más con la de una composición musical. En la que se entra a reflexionar sobre el propio valor del material como imagen. Ante todo preocupada por explicar el cuento de dos personas que, pese a su insignificancia en la escala geológica, fueron capaces de acercarnos al corazón que late en el centro de la Tierra.

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