Lo más fácil es que el espectador medio acuda a ver La reina de España sin haber revisado La niña de tus ojos, de la cual ésta es secuela tardía. Lejos quedan ya las andanzas por la Alemania nazi de aquel equipo de rodaje español que, corriendo el año 1998, consiguió el favor de crítica y público. Ésta es, aunque podría parecer de entrada poco relevante, la primera piedra de envergadura con la que Fernando Trueba tropieza sonoramente. Que no la única ni la última. Y es que el director fía gran parte del impacto de La reina de España a un efecto nostalgia por el reencuentro con los personajes que la mayor parte de la audiencia no siente. Como máximo, ésta recordará la anterior cinta como una historia bien elaborada, muy simpática; pero a cuyos protagonistas no les ‘debe’ nada. En cambio, lo que se encuentra ahora es una película que no puede definirse sino como profundamente acartonada.

