Crónica Sitges 2024 (II): Maldiciones pasadas, presentes y futuras

Estamos aún en los primeros compases del festival, y aprovechamos el ‘despiste’ de los programadores, que se han dejado una película de la sección Seven Chances (oportunidad única para descubrir joyas ocultas) en el cine Prado -la mayoría de ellas, así como de clásicos, irán a parar a Escorxador, nuestra sala ‘extramuros’. Así que nos tiramos de cabeza a por ella, sin apenas mirar las alternativas. Se trata de la belga Malpertuis, del director Harry Kümel, una cinta fantástica del año 1971 que sinceramente no conocíamos y que nos deja fascinados. Un millonario en el lecho de muerte (Orson Welles como estrella invitada), una mansión llena de recovecos, personajes delirantes, actores encarnando diferentes papeles, atmósfera y colorido de ensoñación… Uno piensa por momentos en El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962), en aquel juego para niños que titulaba La herencia de tía Ágata, en las señas de la factoría Hammer… Malpertuis es toda una experiencia, de trama sencilla pero llena de creatividad y con ese aire de libertad a la hora de construir la película que tantas veces anhelamos y tan pocas conseguimos. Y, de paso, nos reaviva las ganas de haber podido explorar más a fondo la sección, con The Mysterious Castle in the Carpathians (Oldrich Lipsky, 1981) o Il nido del ragno (Gianfranco Giagni, 1988). Es posiblemente nuestra sesión favorita de este Sitges; así que a caballo regalado…

Nos animamos luego a ver una de Noves Visions, otra de las secciones donde nos gusta adentrarnos pese a que no venga con el sello de garantía que otorga el paso del tiempo. Hace unos años nos quedamos con curiosidad de ver Jesus Shows You the Way to the Highway (2019), que aparentaba ser una llamativa absurdez cómica de bajo presupuesto. Como su director, Miguel Llansó, presenta nuevo largo esta edición, probamos suerte con su Infinite summer. La película nos presenta a Mia, una chica que pasa el verano con unas amigas y entra en contacto con una droga psicodélica. El toque de ciencia ficción (nos situamos en un futuro cercano con la realidad virtual y aumentada a la orden del día) y la promesa de imágenes sugerentes (todo lo que huela a psicodelia nos llama la atención) es lo que nos ha convencido para ver la película, pero la cinta resulta ser una completa decepción. El guión es poco interesante, lleno de situaciones y diálogos anodinos; el salpicado de situaciones y personajes algo más extravagantes no consigue sacar a la narración del fango en el que está atascada y, si bien hay algunas ideas visuales interesantes relacionadas con esa sustancia expande-conciencias que se consume a través de un respirador de aires cyberpunk, esos momentos se encuentran tan aislados que no consiguen impregnar la película como desesperadamente necesita. Afortunadamente a la salida nos esperan unos amigos con birras para comentar la jugada y hacer de tampón en la franja de la cena antes de continuar nuestro periplo por las salas.

Más por el evento popular que resulta dentro del ecosistema de Sitges que por ganas incontrolables de verla, decidimos asistir al pase especial de Terrifier 3, que continúa la saga de terror gore de Damien Leone, tras el espontáneo estatus de culto que adquirió la propuesta entre los aficionados con el lanzamiento del primer largo de la serie. Pese a la inexplicable ausencia de Terrifier 2 (2022) en el Festival, para esta ocasión el equipo descarga al completo y sube al escenario entre aplausos a la que es la premiere europea de la película. Cuando se apagan las luces, queda claro rápidamente que esta nueva entrega es -como se podía esperar- continuista con el estilo de la anterior, que daba un importante salto de producción respecto a la primera. Art the Clown deja tras de sí un generoso reguero de cadáveres listos para colocar en bandejas de porexpan y venderse en la charcutería del súper, la cinta ha visto la estructura de lejos y su esqueleto está compuesto por extensas set pieces que siguen generando un aire extrañado precisamente por esa endémica arritmia combinada con una sordidez poco común en un estreno con mínima vocación comercial. La historia -o más bien hilo- continúa donde lo dejó su predecesora, manteniendo así a los protagonistas y pavimentando el camino de la Sienna de Lauren LaVera hacia el selecto panteón de las scream queens modernas. Ya se sabe que un héroe es bueno en la medida en que lo es su villano, y el inquietante payaso de David Howard Thornton (que también se postula como el Robert Englund de nuestro tiempo) no se lo pone desde luego fácil, e incluso se busca una nueva compañía para hacer de las suyas. En definitiva, quien se haya subido al carro (prácticamente toda la sala del Auditori) seguirá para bingo con la inevitable Terrifier 4 y quien no, desde luego no saldrá convencido con la hiperviolenta gratuidad de que sigue haciendo gala y que, si bien por momentos nos hace cuestionarnos la moralidad del espectáculo -a veces parecemos novatos-, en todo caso podría criticarse más por la evidente falta de sustancia global de la saga, que perfectamente podría explicarse en la mitad de tiempo. Aunque si de algo no va esto, es de contención o ‘menudeces’ semióticas…

No contentos con los excesos de esta sesión de hora punta, hemos decidido saltarnos la tónica habitual y reservar un asiento para la maratón de Midnight X-Treme de esta noche, que viene cargada con propuestas curiosas. Dado el ritmo que llevamos desde hace años, uno se pregunta si es necesario transitar esos horarios intempestivos para ver las cintas con -a primera vista- menos ‘caché’ del certamen… Pero igual que nos pasó hace un par de ediciones con Shin Ultraman, hay algo en la programación de esta madrugada que nos empuja a probarlo. Daremos el parte en breve.

2 Respuestas a “Crónica Sitges 2024 (II): Maldiciones pasadas, presentes y futuras

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