Los avances de Ready Player One no resultaban especialmente atractivos; como ya hemos apuntado alguna vez, Spielberg parece haberse ido decantando durante los últimos años hacia un cine de base eminentemente histórica; conocemos su faceta de productor, bajo la cual es capaz de dejar de lado cualquier aspiración artística en favor de la más directa rentabilidad económica; se ponía, en esta ocasión, al volante de un proyecto con clara vocación de blockbuster, que explotaba las referencias pop y la nueva corriente de nostalgia ochentera. Y sin embargo, al considerar todo esto, estábamos minusvalorando un factor determinante a la hora de afrontar su nueva cinta: Spielberg sigue siendo Spielberg.
