Archivo mensual: octubre 2015

Crónica Sitges 2015: Sexto día

Llega el momento en todo Festival de Sitges en que uno comienza a pasar los días en una nube. Más que por el disfrute (que se da por descontado) es por el cansancio acumulado. Lo cual no es óbice para mantener el ritmo prácticamente inalterado (si acaso, algún día se comienza la jornada con la sesión de las diez en vez de la de las ocho). El miércoles de este festival lo pasamos en gran parte luchando contra el sueño. Y aún así, hacemos más de un descubrimiento.

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Crónica Sitges 2015: Quinto día

Agárrense que vienen curvas. En contraste con ayer, hoy es el día en que batimos el récord de películas vistas. Y es que a primera hora de la mañana ya estamos en el cine para ver lo último de Mamoru Oshii, ese director que todo el mundo conoce por la grandiosa Ghost in the shell (1995), pero que cuenta en su haber con 25 largometrajes más que casi nadie ha visto. El de hoy se titula Nowhere girl, y parece haber pasado algo desapercibido dentro de la parrilla del festival. Craso error, puesto que esta presunta historia de institutos tiene más jugo del que parece, además de contar con una muy interesante planificación. Nowhere girl conecta con Avalon (2001) y las obsesiones propias de Oshii, fascinado por los recovecos de la mente y aficionado a los conflictos bélicos distópicos, que le ayudan a desarrollar unos discursos esencialmente introspectivos. Su última obra, de ritmo calmado y planteamiento elegante no hace sino reafirmar la maestría del autor.

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Crónica Sitges 2015: Cuarto día

Después de tanta intensidad toca bajar un poco el ritmo. Aunque en parte sea por cuestión de cuadrante de horarios. Durante hoy sólo veremos tres películas, pero la jornada resulta la más agradecida del Festival hasta el momento.

Amanecemos con sesión de sexo. No en nuestras casas, sino en el cine, de la mano de Gaspar Noé, el hombre que convierte la palabra polémica en algo sobado. Personalmente, no encuentro nada de polémico en el hecho de que su última película, Love, contenga escenas de sexo explícito. Es así y punto. Ni es para rasgarse las vestiduras, ni va a cambiar el rumbo de la historia o del arte. Es, eso sí, atrevido, por el simple hecho de que pocas personas se lanzan a realizar una obra de arte con escenas pornográficas de por medio. Sigue leyendo