Asier ETA biok

Resulta difícil hablar de una película tan política como “Asier ETA biok” sin entrar en política. Valga decir que la cinta de Aitor y Amaia Merino reviste valor histórico, que de aquí a unas décadas -e independientemente de lo que depare el porvenir- se podrá revisitar y contemplar como un certero retrato de la relación entre Euskadi y España durante los últimos años.

El contradictorio personaje de Asier honra a su familia.

Sorprende descubrir el nivel de profundidad que consigue el documental con sus escasos medios, aprovechándose de poco más que una videocámara doméstica, pero añadiendo a su factura frescura y variedad en la puesta en escena. El discurso de “Asier ETA biok” no se desarrolla a base de razonamientos complejos o sesudos, sino de experiencias, percepciones y -atención- emociones personales. Eso le da su gran valor. Se sitúa a la escala individual, de las personas, ésas a las que la clase política, con voluntaria miopía, acostumbra a obviar.

Tal vez por ello, y por la influencia que la principal corriente ideológica  del país ejerce sobre la ciudadanía, “Asier ETA biok” puede ser un plato de difícil digestión en España. Se tratan con pasmosa naturalidad fenómenos como el independentismo, sobre los que Merino no se molesta en dar extensas explicaciones o justificaciones, sino que los asume como las realidades existentes que son. Ni más ni menos válidas que otras. Y consigue, con didactismo, separar conceptos de forma clara, no mezclar lo que es aspiración nacional con terrorismo, no confundir objetivo con medios. “Asier ETA biok” es perfectamente entendible y refleja realidades más allá de la vasca. Eso sí, requiere del público disposición para escuchar y reflexionar sobre lo que ve. Y ahí es donde puede encontrarse con un hueso duro de roer, según la audiencia a la que se enfrente. Por eso, sin ser, en el fondo, especialmente atrevida, lo es mucho en el contexto presente.

No hace falta correr demasiado para ver que la película de los Merino hace -y aún más, hará- un tándem muy interesante con “La pelota vasca, la piel contra la piedra” de Julio Medem (2003), habida cuenta de los pocos trabajos existentes sobre el conflicto vasco. Es complemento y estampa tanto de la evolución de los acontecimientos y el entorno político-social del país en los últimos diez años, como de las propias formas de hacer cine que se han ido desarrollando. Se le pueden achacar algunos excesos actorales por parte de su protagonista, el mismo Aitor Merino, pero en definitiva “Asier ETA biok” no es solamente una cinta ineludible, sino absolutamente indispensable en la España actual.

Disculpas, al final hemos entrado en política.

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