Cosmopolis

Mientras Eric Packer se pasea por una ciudad hipercapitalista y al borde del caos en su limusina privada –nada más alejado de la ciencia ficción, a pesar del tono onírico que impregna el relato-, Cronenberg aprovecha para introducir en “Cosmopolis” todas las constantes de su cine: la violencia, la obsesión, la relación entre hombre y tecnología, el sexo, la muerte…

Pero, en esta ocasión, se ahoga en ellas. El libreto, adaptado de la novela homónima por el mismo director, es tremendamente discursivo, saltando continuamente entre conversaciones de alta densidad que diseccionan temas interesantes no siempre del modo más interesante y, en cualquier caso, sin conseguir conjugar el global y cayendo finalmente en la monotonía.

La elección de Pattinson como protagonista resulta acertada desde el punto de vista de su estatus de ‘triunfito’ del Hollywood actual, estableciéndose un paralelismo evidente y buscado con su personaje. Pero, a pesar del carácter casi cadavérico de Packer, que rima con los limitados registros y sosez del actor, a éste le falta el magnetismo necesario para sostener sobre los hombros una obra en la cual es el centro absoluto (nada que ver con la magnética Sarah Gadon, misteriosa y perturbadora en su papel de secundaria esposa).

Se oyen -sobre todo en el exterior del omnipresente vehículo del protagonista- destellos del Cronenberg más visceral y vibrante. Se aprecian algunas apuestas formales de cierta radicalidad -el incómodo y absoluto silencio ambiental imperante en el interior de la limusina. Pero el potencial hipnotismo que se adivina en la cinta no hace acto de presencia a causa de las autolimitaciones que parece marcarse el realizador, empeñado por encadenar momentos trascendentes en vez de articular una película sólida, y cayendo en ocasiones en el ridículo, cuando un extraño sentido del humor –meritorio el ejercicio- hace acto de presencia, yendo más allá del patetismo que quiere reflejar en los personajes que lo protagonizan y provocando algunos momentos sonrojantes, que resultan fallidos por culpa de la solemnidad que ha dominado toda la cinta.

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