Por segunda vez se celebraba el Saló del Manga de Barcelona en la Fira de Montjuïc, tras su longeva trayectoria en la Farga de l’Hospitalet, un espacio por el que algunos aún sentimos cierta nostalgia. El cambio, aún así, se hacia este año más patentemente necesario que nunca puesto que, a pesar de la notable ampliación del espacio dedicado a la convención, se registraron unos tiempos de espera inauditos durante dos de los cuatro días, que ensombrecieron el evento tanto por las molestias ocasionadas como por su repercusión en la prensa (lo que obligó a Ficomic, antes incluso de finalizar el salón, a comprometerse a corregir este aspecto de cara al 2014).
Más allá de esto, pasearse por el Saló era la misma gratificante experiencia de siempre: todas las tiendas especializadas y por especializar aglutinadas por una vez al año en un espacio compacto, posibilidad de conseguir jugosas firmas, muestras de lo más variopinto y una novedad más que interesante: las proyecciones de anime en sala de cine, aprovechando la cercanía a la feria de Barcelona de los multicines Arenas. Sigue leyendo