Archivo de la categoría: Festivales

Crónica Sitges 2024 (VII): De sensaciones también vive el hombre

Ya le vemos las orejas al lobo, la gasolina de nuestro pase de prensa se agota peligrosamente y damos vueltas y más vueltas planteándonos posibles ajustes para gastar bien estos últimos cartuchos en forma de entradas de cine. Con tal coyuntura decidimos mantenernos, por ejemplo, en Else, pese a que las esperadas psicodelias de Infinite summer y She loved blossoms more nos salieran rana. Ésta es la buena. El debutante Thibault Emin se pasa a presentar su película por el Auditori aquejado de una notable resaca, lo cuál no es óbice para que el público le muestre su respaldo. Else comienza como una cinta de factura modesta, en la que su asocial protagonista liga con una chica extrovertida y un tanto excéntrica. En medio de esos compases iniciales de la relación, se declara el toque de queda a nivel nacional: una extraña enfermedad está transformando radicalmente los cuerpos, al punto de llegar a desintegrarlos. Hija del covid y de la paranoia higiénica, Else consigue rememorar muy bien aquellos momentos desde una perspectiva exagerada, que empieza colorida y humorística, para adentrarse paulatinamente en un mundo extraño, hermético, a medio camino entre lo terrorífico y lo meditativo. En ese sentido, el último tramo es fantásticamente alucinógeno y eleva varios enteros la película a nivel visual y conceptual, al punto de convertirse en toda una promesa dentro de la Sección Oficial de este año (en el palmarés conseguirá rascar el Premio al Mejor director revelación). Sin duda, Thibault es uno de esos realizadores a los que tendremos ganas de seguir en sus próximos pasos.

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Crónica Sitges 2024 (VI): La herida y el desinfectante

Pasado ya el ecuador del festival, es un buen momento para soltar algo de lastre y ventilar varias películas de esas que nos generan crisis cinéfagas, que llegan a empañar algún día pero de las que, al final, tenemos que dejar constancia, porque quien no conoce la Historia está condenado a repetirla. Seremos breves para que las siguientes líneas sirvan de aviso para navegantes, pero no hagan más daño que quitar una tirita (pese a que la síntesis de la descripción puede crear una sensación agudizada de ensañamiento no siempre voluntaria).

Confesaremos así que Basileia de Isabella Torre es un soberano coñazo que pretende rellenar el minutaje necesario para configurar un largo a base de atmósfera paisajística, pero que en el fondo es tan solo una bella fotografía por la que se pasean actores mediocres, una trama de cortometraje y unas ninfas que juegan el reclamo de lo pagano, para finalmente caer por su propio peso porque no hay detrás material que lo sustente.

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Crónica Sitges 2024 (V): La selección intuitiva

Hay un buen puñado de películas que escogemos con ninguna o pocas referencias a la hora de diseñar nuestra programación para el festival: hay ‘algo’ en ellas o en su contexto que nos llama la atención y queremos mantener ese ‘algo’ fresco hasta que nos llevemos la correspondiente alegría o decepción. En el caso de Continente de David Pretto, tenemos el buen recuerdo de Bacurau (K. M. Filho y J. Dornelles, 2019) y de Propriedade (Daniel Bandeira, 2022), así que nos apetece seguir esta posible tendencia dentro del cine brasileño que mezcla lo enérgico con lo social. En Continente visitamos nuevamente el mundo de las haciendas y los secarrales, la tensión entre patrón y trabajadores, esta vez tomando el punto de vista de una mujer que vuelve a casa desde Francia ante la inminente muerte de su padre, con la responsabilidad añadida de tener que encarar el futuro de los terrenos familiares. En esta ocasión, se introduce un elemento fantástico en forma de vampirismo sistematizado y de vibraciones casi caníbales, con algunas secuencias verdaderamente intensas e inquietantes. Pero lo cierto es que la metáfora sobre las relaciones jerárquicas de este sistema post-feudal se queda en la superficie, sin que añada matices o nuevos puntos de vista a lo que ya se explica por sí mismo sin la necesidad del género. Se trata de una herramienta para generar un cierto grado de misterio y tensión, pero que falla a la hora de trascender, alargando una película que en el fondo no tiene tanto que contar. Así pues Continente se queda finalmente a medio camino y deja una sensación de prueba fallida.

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