Ya sabrá el lector que el Americana siempre capta nuesta atención con su selección de documentales. Si revisan las crónicas de años anteriores podrán entresacar un puñado de buenas muestras del género, empezando por nuestro primer contacto con el festival. Este año la principal baza en ese sentido es la presencia de los hermanos Ross, que de hecho trabajan a menudo a caballo entre la realidad y la ficción, y de quien recuperamos en su día Bloody Nose, Empty Pockets además de reseñar la fantástica Gasoline Rainbow. Ahora, el Americana les dedica una jugosa retrospectiva que se va a alargar más allá de los confines del festival gracias a la participación de la Filmoteca de Catalunya. No conseguimos cuadrar los horarios para recuperar los títulos que nos faltan por ver (45365 -2009-, Tchoupitoulas -2012- y Western -2015-), si bien todos ellos tienen una pinta estupenda. Pero sí que nos esforzamos por asistir a algunas de las muestras destacadas en el terreno de la no ficción de este año.
Para empezar, con The Cowboy, una co-producción alemana dirigida por Andre Hörman que se ambienta por completo en Colorado y retrata la vida de un chico desde los nueve hasta los veintiún años. Su sueño, seguir la vida de cowboy con la que se ha criado, gestionar su rancho y tal vez ser popular en los rodeos. Es fascinante ver el entorno en el que se desenvuelve el joven Crowley, crudo y aislado, pero también conectado con lo natural y concreto; una vida sencilla y por momentos dura, que pareciera suspendida en el tiempo. Pero si bien hay algo de edénico en ese paisaje de la América profunda y la vida entregada a las tareas manuales y los placeres simples, con el tiempo van apareciendo las dificultades inherentes a la existencia, afloran sentimientos que habían permanecido ocultos, incluso episodios traumáticos que no hay más remedio que afrontar. Todo ello ocurre con una estupenda dosificación de los tiempos y el ritmo de los saltos: el equipo retrata al protagonista y a su familia cada año, y ello se traduce en breves episodios que nos permiten ver cómo Crowley va creciendo ante nuestros ojos, a la vez que se revelan distintos aspectos de la familia y el entorno, y nos preguntamos hacia dónde irá la vida de este individuo en una obra que no puede estar planificada de antemano. Hay una fe en el sujeto y el sustrato fílmico, una intuición de que, pase lo que pase, la cámara retratará algo valioso. Y, como ocurriera en otros casos del estilo (no por casualidad hemos mencionado arriba el visionado de American Promise -Joe Brewster y Michèle Stephenson, 2012-), así sucede. The Cowboy es una película sin prisas pero sin pausas, que consigue narrar su largo viaje con el grado justo de detalle, y en tan sólo noventa minutos. Con eso basta para que podamos, una vez más, emocionarnos con algo tan sencillo como al alcance de todos y a la vez inasible: la propia vida.
Damos un salto atrás en el tiempo, como ya hicimos el otro día, para viajar a los setenta con Nova ’78 de Rodrigo Areias y Aaron Brookner, que recogen material de archivo recientemente restaurado para mostrarnos lo que fue la Convención Nova, que tuvo lugar en el año del título en Nueva York en homenaje a William S. Burroughs, y por la cual se paseó la flor y nata de la escena alternativa del momento. Y si bien el documental atrae por el valor histórico de sus imágenes y la curiosidad de contar con la aparición de personajes populares como Patti Smith o Frank Zappa, lo cierto es que la barrera de entrada para los no iniciados es alta: nos contamos entre los que, de Burroughs, tan sólo conoce su existencia y El almuerzo desnudo (gracias a la adaptación de David Cronenberg), mientras que otras figuras de la época como Allen Ginsberg, Laurie Anderson o Anne Waldman nos son totalmente ajenas. Lo cual no sería un problema si la película diera algo más de contexto o, en su defecto, mostrara con más detalle las intervenciones de cada uno de los artistas en aquel mítico encuentro. Pero el caso es que nos enfrentamos a un retrato del evento completamente fragmentario, entrelazado con extractos de reuniones y encuentros aledaños al mismo, y que en última instancia hacen muy difícil que lleguemos a conocer algo más que un puñado de anécdotas del propio escritor homenajeado, sin que podamos disfrutar de un dibujo detallado del caldo de cultivo de la época o del placer de sentir que hemos asistido a una convención revolucionaria. Sólo para muy cafeteros y/o connoisseurs.
Por último, nos acercamos a The Bulldogs, una propuesta que, más que por su premisa (tras un accidente ferroviario que provoca una brutal fuga de productos químicos, el Gobierno da luz verde a los habitantes de East Palestine, Ohio, para que vuelvan a sus casas, asegurando que no hay riesgo para la salud), nos llama la atención por su elaboración estética. Y es que hay algo del avance de la película que nos remite a cosas como King Coal (Elaine McMillion Sheldon, 2023), con su gusto por la viveza de las imágenes y un enfoque hasta cierto punto poético sobre la realidad. Y no nos equivocamos: si bien la sombra del grave incidente sobrevuela toda la película -y no es para menos, porque la actuación de la Administración es de echarse las manos a la cabeza-, los autores Noah Dixon y Ori Segev ponen por delante a los paisajes y las personas. La tragedia es una excusa para introducirse en sus pequeños mundos y dejarles que se expliquen, mostrarlos en relación con su entorno y su comunidad, y en la forma de enfrentarse al cambio y la adversidad. The Bulldogs rehúye el sensacionalismo e incluso la denuncia como motor principal de la película y deja que esta surja sola, a través de los hechos y los retratos. Al final, sus imágenes y capacidad narradora consiguen elevar la cinta a bello homenaje del lugar que retrata (no por casualidad, el director Noah Dixon, que ha venido de invitado, explica que el pueblo se encuentra a una hora de su casa) y de la propia condición humana en un entorno que combina esa sensación de estancamiento temporal con un sentido de la posibilidad que solo puede darse cuando aún flota en el aire una reminiscencia de lo salvaje. Junto con The Cowboy, esto es puro Americana. Nos vemos en la próxima.


