Crónica Sitges 2025 (VI): De entre los muertos

Mientras encaramos la recta final de esta edición de Sitges, nos damos cuenta de que un tema está permeando especialmente en el cine de este año: el duelo. El terror siempre ha ido aparejado con el enfrentamiento a la muerte, pero nos estamos encontrando muchas películas que tratan la forma en que aceptamos nuestro final y el de nuestros seres queridos, que desarrollan esos sentimientos desde un lugar personal y haciendo de ello el centro dramático de la narración. Sin ir más lejos, la inaugural Alpha, pero también Gaua, Mother of flies, Drácula, Esa cosa con alas (que estos días están presentando por aquí Benedict Cumberbatch y su director Dylan Southern)… así como las películas que nos disponemos a citar hoy.

Por ejemplo, en Redux Redux de Kevin y Matthew McManus, una madre que no puede aceptar la muerte de su hija viaja a través del multiverso para matar a su asesino, con la esperanza última de encontrar una realidad en la que la joven todavía siga viva. Es un punto de partida verdaderamente potente a nivel argumental y emocional, si bien es cierto que no da la sensación de que la película consiga sacarle todo el jugo. Planteada como un thriller con fuertes aires a Terminator (James Cameron, 1984) -la atmósfera sonora apunta sin ambages en esa dirección- la película flojea con la introducción de una adolescente rebelde que se convierte en compañera de aventuras de la protagonista. La figura -¿trasunto del joven John Connor?- tiene la evidente función de ejercer de contrapeso ante esa mujer sedienta de sangre, poniéndole los pies en el suelo a una madre que se ha desfigurado sin darse cuenta hasta convertirse en una asesina sin rumbo. Pero es un sidekick tan irritante (sí, ya entendemos que la adolescencia puede ser complicada), tiene las cualidades redentoras tan enterradas, y se convierte en un elemento tan central para la narración, que acaba pesándole a una película que no está arriesgando en las formas, sino que pretende ser -sin que ello la demerite- un entretenimiento de corte clásico y buena factura. Si a ello le sumamos que la parte de ciencia ficción no tiene un gran desarrollo, el resultado final es algo discreto, por más que se aprecie el buen oficio de los realizadores.

También con vocación comercial pero un toque más estrambótico es Dollhouse de Shinobu Yaguchi. Del director japonés ya hemos podido ver Robo-G (2012), Wood Job! (2014) y Survival family (2016), todos ellos entretenimientos con buenas intenciones y resultados. En esta ocasión, Yaguchi vira al terror (si bien conserva momentos de su característico humor), con la historia de una mujer que se obsesiona con una muñeca tras la trágica muerte de su hija. Como es de esperar, el inquietante sustituto no es tan inanimado como parece… Auténtico machihembrado de diferentes subgéneros, que pasa por Muñeco diabólico (Tom Holland, 1988), The ring (Hideo Nakata, 1998), Exte: Hair extensions (Sion Sono, 2007) o Annabelle (John R. Leonetti, 2014), Dollhouse es caótica pero siempre entretenida. Le falta cohesión para convertirse en un nuevo clásico, pero consigue momentos inquietantes, con un par de escenas que causaron exclamaciones entre el público, y tiene el grado de perversión, conocimiento de los ingredientes arquetípicos del género y capacidad embaucadora como para que todo el mundo salga contento de la proyección sin necesidad de reinventar la rueda.

Recuperamos ahora una cinta que se nos había quedado en el tintero de estas crónicas, pero que encaja perfectamente con el eje temático de esta jornada. Hablamos de Honey Bunch de Madeleine Sims-Fewer y Dusty Mancinelli. Tras un grave accidente, Diana despierta en una clínica traumatológica, a donde la ha llevado su marido para seguir un innovador programa de rehabilitación. Conforme pasan los días, la paciente se siente cada vez más extraña, pese a los denodados esfuerzos por cuidarla de su pareja. Honey Bunch es una de las mayores sorpresas que nos hemos llevado en esta edición, siendo capaz de tocarnos la fibra sensible. Seguir avanzando sobre los derroteros de la película sería destripar más de lo deseable; sin embargo, vale la pena decir que los giros argumentales consiguen no restarle interés, ya que ayudan a profundizar a la vez en sus planteamientos dramáticos. La película es una efectiva exploración de los límites del amor y cala porque es uno de esos raros casos en que consigue, sin aparente esfuerzo pero con más calado del que se esperaría, que nos planteemos las cuestiones que aborda y que salgamos del cine afectados y pensando «¿qué haría yo si…?».

Por último, asistimos al pase de Bugonia, la última película de Yorgos Lanthimos. Sorpresivo remake de Salvar el planeta Tierra (Jang Joon-hwan, 2003), nos es imposible comparar ambas cintas al no haber visto la original, pero se diría que la versión del griego toma un derrotero más grave frente a la vocación pop de la primera. Porque Lanthimos, siguiendo su particular línea, construye una comedia que es a la vez tensa, con un humor enrarecido por su sentido de la sordidez y de la extrañación. Esta historia de dos hermanos que secuestran a la presidenta de una compañía química convencidos de que es una alienígena que prepara la invasión de la Tierra, bascula entre la ridiculez de sus situaciones y la solemnidad y los milimétricos encuadres en desequilibrio que tanto gustan a Lanthimos. Bugonia se apoya principalmente en su reparto, encabezado por la habitual Emma Stone, acompañada de Jesse Plemons y Aidan Delbis. Están todos espectaculares, pero lo de Plemons está a otro nivel, haciendo gala de un camaleonismo que empieza a ser de verlo para creerlo. Por más que la cinta gira entorno al texto, las marcadas formas del director consiguen hacerla siempre interesante a nivel visual y sonoro, y se trata probablemente de una de sus películas más accesibles, sin más recovecos que la sátira descarnada sobre la estupidez humana. Esa falta de segundas capas, de pretensiones más allá de la compleja arquitectura formal que despliega, divide las opiniones entre los asistentes. Unos la consideran un artefacto irrelevante, mientras que otros nos dejamos llevar por el juego y la disfrutamos de la misma forma que su anterior Kinds of kindness (2024), mientras admiramos el recital actoral que atesora.

2 Respuestas a “Crónica Sitges 2025 (VI): De entre los muertos

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