Crónica Sitges 2024 (VIII): El horror, el horror…

Ahora sí, nos adentramos en las últimas jornadas del Festival, aquellas en que, inevitablemente, cada vez hay menos cine y más comida y bebida. Afortunadamente, vamos a acabar con un par de cintas muy interesantes. Pero antes, debemos recordar(nos) brevemente que It doesn’t get any better than this (Rachel Kempf y Nick Toti) no es el found footage que estábamos buscando (de hecho, no es estrictamente un found footage, pero utiliza ampliamente las formas y recursos habituales del subgénero); en cualquier caso, sus protagonistas son insufribles y resulta repetitiva y tediosa a más no poder. Tal vez los que le vieron su aquél a Murder Death Koreatown (anónimo, 2020) rasquen algo de aquí, pero a nosotros nos ha parecido tan mala que la habíamos olvidado hasta el momento de repasar nuestras notas para esta crónica. Ante cualquier atisbo de duda, revisen mejor Host (Rob Savage, 2020), lo último interesante que ha dado el formato.

Vamos pues a lo jugoso: el documentalista Asif Kapadia, que se ha hecho un nombre con biografías como Senna (2010), Amy (2015, que le valió un Oscar) o Diego Maradona (2019), visita Sitges para presentar 2073, en la que mezcla imágenes de archivo con un leve hilo conductor en forma ficcionada. En última instancia, esa narrativa, que se ambienta en el futuro y es guiada por la actriz Samantha Morton (guiño a Minority report -S. Spielberg, 2002- incluido), la usa Kapadia para analizar el momento presente y cómo hemos llegado a él tras los acontecimientos geopolíticos de las últimas décadas, a la vez que se pregunta hacia dónde nos podría llevar la deriva en la que estamos inmersos (sorpresa: la visión del futuro que presenta la película es post-apocalíptica y totalitaria). Acompañada siempre por la voz de Morton, la cinta tiene una construcción bastante deslabazada, pero dibuja un interesante mosaico para la reflexión porque presenta, como si de ciencia ficción se tratase, acontecimientos que han ocurrido o que están ocurriendo ahora mismo. ¿Estamos pues empezando a vivir ya en una distopía? 2073 revuelve el estómago a cualquiera con una mínima conciencia sobre el mundo en el que vive y se erige como una de las películas más terroríficas que han pisado el Festival este año. Dista mucho de ser redonda, pero es sin duda importante, una de esas cintas que deberían enseñarse de forma masiva en los institutos, con la esperanza de que la pregunta que lanza en pasado –¿Era posible hacer algo?– pueda tener una respuesta afirmativa en presente.

Nos plantamos sin apenas darnos cuenta en el último sábado de este Sitges 2024, y tan solo nos queda una de esas sesiones que reservamos nada más ver el nombre tras las cámaras: Maldoror de Fabrice Du Welz. Policíaco de tomo y lomo, Maldoror trata un caso de secuestros y pederastia que causó un gran impacto en la sociedad belga de los noventa. El tema, como puede verse, no es fácil, y Du Welz lo aborda sin rodeos, con una mirada inquisidora, nerviosa, que pone en el centro de la trama a un gendarme de fuertes convicciones que se obsesiona con el caso y que decide hacer cualquier cosa para dar caza a los criminales que están cometiendo semejantes atrocidades. Son dos horas y media intensas (el arranque de la película es ya para enmarcar), con un tratamiento visual preciso, que evita las florituras gratuitas y que hacen de la obra lo mejor que hemos visto en esta edición del Festival. Tal vez se echa en falta acabar de afinar la trama burocrática que afectó a la investigación del caso real, y que posiblemente los belgas tengan ya presente; pero a cambio la película nos mantiene a pie de calle, cercanos a sus personajes (increíble Anthony Bajon en el papel protagonista) y con el alma en vilo. Con Maldoror, Du Welz ha facturado en cierta manera el Zodiac (D. Fincher, 2007) europeo: por lo riguroso, por lo sólido de la propuesta y por lo relevante que resulta dentro del cine criminal e incluso del retrato social. Porque la crónica negra, guste o no, forma parte y es el reflejo más oscuro de la realidad en que vivimos.

Con estas muestras de cine escalofriante, que por otro lado permiten abundar en la broma, ya recurrente en los últimos años, consistente en preguntarnos entre compañeros si hemos visto alguna película de terror en esta edición, cerramos la paradita. Nos ha quedado pendiente de ver la absoluta ganadora de esta edición, El baño del diablo de Veronika Franz y Severin Fiala, a la que no habíamos prestado demasiada atención, pero que todo el mundo coincide en apuntar como lo más destacado de este Sitges (y es que se lleva ni más ni menos que el Premio a la Mejor película del Jurado Oficial, del de la Crítica y del Jove). Afortunadamente, se estrenará en breve… Apuntadas con subrayador, en base a lo que hemos oído, se suman también cosas como Dead Talents Society de John Hsu, Salvajes de Claude Barras, The rule of Jenny Pen de James Ashcroft, Bookworm de Ant Timpson o Strange Darling de J. T. Moliner (ésta ya en cines). Y nos ha quedado además el gusanillo de ver, entre otras, la antología V/H/S Beyond (hace tiempo que no comprobamos si la saga ha remontado) y Oddity de Damian McCarthy (a quien conocimos con su debut Caveat). Quién sabe si algún día revisaremos todas estas películas, si alguna pasará a la posteridad o si quedarán como una mota más que formó parte del contexto de un presente que ya no lo será. Ahora toca, como siempre, celebrar, despedirse y esperar vernos las caras de nuevo cuando, de aquí a un año, Sitges se convierta en nuestra casa ideal por once días más.

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