Crónica Sitges 2023 (V): Ilusiones y pesadillas

Con la nueva semana, van a llegar los baches a nuestra programación. Lo que aparentemente nos parecía una selección personal sin fisuras, va a empezar a hacer aguas por los lugares más inesperados y nos va a recordar que las buenas y malas sorpresas en Sitges son marca de la casa, y que no queda otra que tomarlas como parte de la experiencia. Sin prever esto aún, nos da por madrugar como si fuera un lunes cualquiera para ver El exorcismo de Eastfield. Siempre tenemos sumo cuidado con la sección Panorama, pero las ganas de ver alguna novedad tras el bloque de clásicos del fin de semana y la atracción por el subgénero diabólico consiguen sacarnos de la cama. La apuesta resulta acertada: el australiano Nick Kozakis se centra en un caso real para poner el foco en la víctima del mismo y en el papel de su comunidad a lo largo del proceso. De repente, aquí el exorcismo se revela como un acto de secuestro y tortura sobre una persona psicológicamente atormentada, y eso lo cambia todo. La apuesta consigue incomodar por su crudeza (tan o más fuerte que la demoníaca) y su retrato del fanatismo religioso. Con una convincente Georgia Eyers en el papel principal, la película resbala si acaso en una resolución un tanto melodramática y porque en ocasiones cae en lo histriónico, pero aún así consigue aportar algo nuevo a las gastadas fórmulas, lo cual ya es de agradecer.

Ahora sí que vienen curvas: All you need is death es otro de los grandes batacazos que nos vamos a llevar este año. De producción irlandesa, parte de un tema apasionante: la tradición musical gaélica de transmisión oral, con toda su carga mística y ancestral, pero también de frágil legado. Todo el encanto se queda aquí; por más que su director Paul Duane afirma en la presentación que les ha quedado una película muy extraña, lo cierto es que All you need is death tiene poco de raro y mucho de aburrido. Falla a la hora de crear atmósfera, abunda en escenas narrativamente torpes, avanza a trompicones, raramente consigue ser evocadora (únicamente en alguna escena de canto) y acaba por achacar su modesto presupuesto. Para cuando quiere ponerse inquietante desarrollando su universo de derivaciones folk horror, falla porque ha dejado de parecer coherente y la platea hace tiempo que se ha quedado por el camino.

Para intentar superar el sopor, entramos con gran curiosidad a ver The McPherson tape. Nosotros que estábamos convencidos como la mayoría de que el found footage empezaba en El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999), nos encontramos ojeando la programación del festival con la sorpresa de esta cinta, también conocida como U.F.O. Abduction, que nada más y nada menos que diez años antes, utiliza el vídeo doméstico como única forma y también como fondo. La película, dirigida por Dean Alioto es, por su propia naturaleza, profundamente innovadora: la grabación en VHS de una fiesta de cumpleaños que se ve interrumpida por una presencia alienígena en los alrededores de la casa y que, para más inri, está planteada en plano secuencia. Si bien ya anuncia los puntos flacos del formato -poca sustancia global en pos de la búsqueda de un realismo documental-, consigue inquietar por momentos (por mucho que cueste creer que alguien se tomara en serio aquellos niños disfrazados de aliens -cosa que ocurrió durante años-), y su valor emerge como verdadera pieza de museo. Nos quedamos intentando recordar si no vimos en su día algún fragmento del vídeo en sus posibles retransmisiones por televisión, creemos identificar un homenaje a la cinta en el Nop de Jordan Peele (2022) y nos preguntamos si el segmento de Jason Eisener para V/H/S/2 (2013) no será una relectura hipervitaminada de esta curiosidad para auténticos aficionados al género.

Para terminar la jornada, nos desplazamos a la sala grande para una nueva proyección de la Sección Oficial: La teoría universal de Timm Kröger. Con la mosca detrás de la oreja porque también nos la hemos apuntado a raíz de su bonito blanco y negro y ya vimos lo que nos pasó el otro día, en esta ocasión (y en contra de la que parece la opinión mayoritaria), la película nos parece no sólo un highlight estético del festival, sino una atractiva propuesta en términos globales. De estética decididamente retro, ambientada en los años 60 y con influencias que van más atrás en el tiempo, La teoría universal nos traslada a un congreso de físicos en los Alpes suizos, en que las diferentes teorías sobre mecánica cuántica se encuentran aún envueltas en un halo de misterio, el tiempo parece estar en suspensión, y el joven doctorando Johannes Leinert descubrirá algunos extraños eventos relacionados con el mismo tejido de la realidad. De narración taciturna y excelente ambientación, cuenta con la capacidad sugerente de una novela corta, elementos de fantasía y conspiranoia, y algún segmento especialmente llamativo que nos hace pensar en lo interesante que sería ver al director adaptar un H.P. Lovecraft ambientado en su correspondiente época. Se trata en definitiva de una cinta evocadora, sin grandes golpes de efecto, pero realizada con estupendo gusto, que recibirá un Premio de la Crítica muy aplaudido por el director del certamen Ángel Sala en la correspondiente rueda de prensa. Después de todo, parece que no estamos solos en nuestra apreciación por la película.

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