No hay ninguna duda; quien se aventure a ver Sing Street saldrá de la proyección tarareando mentalmente alguno de los pegadizos temas compuestos para la película. Estribillos como los de The riddle of the model son difíciles de pasar por alto, y la estética ochentera que igual recurre a Duran Duran que a The Cure es de lo más conseguido que se ha podido ver últimamente en la pantalla.

