Seven Weeks

[Vista en el Casa Asia Film Week de Barcelona. Sin fecha prevista de estreno en salas comerciales.]

Benditas posibilidades las que da el cine. Pues resulta difícil hacer un análisis definitivo de “Seven Weeks” tras un único visionado. Nobuhiko Ôbayashi es un director japonés al cual, tras cincuenta años de carrera, aún se le notan los inicios experimentales (cosa que se atisba desde el mismísimo plano de apertura de su última obra). Pero vayamos por partes.

Picnic con orquesta metafísica y metafórica de fondo.

“Seven Weeks” parte de una premisa tan sencilla como la muerte de un abuelo y el reencuentro y reflexiones que ésta genera entre los familiares que acuden a los actos fúnebres, en la región de Hokkaido, al norte del país. Pero, desde aquí, Ôbayashi plantea una obra con vocación total, tanto en temas como en formas.

Casi la primera mitad entera de la película transcurre a una velocidad -de planos, de diálogos- que traslada el ritmo de vida de los personajes a la pantalla, en la que apenas si hay lugar para el respiro (sólo en momentos muy bien acotados, en que el autor nos da un breve pero místico descanso). Los movimientos de cámara son constantes, las intervenciones de unos y otros personajes, con adiciones continuas, sin pausa. Y aquí es donde se genera la dificultad para el espectador de nuestros lares puesto que, al tener que seguir los subtítulos, la experiencia, inicialmente divertida, puede llegar a resultar agotadora por la cantidad de información a procesar.

Aún así, ello no ha ser óbice para continuar con el visionado de una película que va acumulando interés conforme avanza y que, tras este tramo que aún no podemos calificar con certeza de cargante en las formas dado ese lost in translation que nos asalta, alcanzará cotas inspiradoras, de gran melodrama.

Se mezcla en “Seven Weeks” lo básico y lo profundo. Mientras que ciertos pasajes rozan la simpleza y lo sensiblero, otros componen reflexiones de gran trascendencia, y que además cuentan con una creatividad encomiable a nivel visual (para el recuerdo el capítulo en que el abuelo explica su experiencia durante la lucha contra los rusos en la Segunda Guerra Mundial). La película acaba conformando un puzzle audiovisual hipnótico por momentos, y en que la vida y la muerte se mezclan con la historia, la familia, el amor, e incluso la ecología. Intercalada, una ecléctica banda de música guía el camino del protagonista de la historia (y núcleo dramático en sí) en su tránsito al más allá. Los bellos paisajes naturales de Hokkaido arropan eventualmente la acción.

Como decíamos, una obra total.

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