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Top 5 de PlanoVsPlano: Lo mejor de 2024

Es el momento de echar una última mirada atrás para hacer balance del año que nos ha dejado antes de centrarnos de lleno en lo que tenemos por delante. El 2024 nos ofreció una muy buena temporada de cine, que ha hecho difícil cribar de manera definitiva nuestras cinco películas favoritas. Porque hay varias entre las finalistas que nos han hecho salir vibrando de la sala de cine, que nos hacen pensar si no cambiaríamos alguna de las piezas caso de tener la oportunidad de reverlas y reevaluarlas como Dios manda. Pero en ese extraño ejercicio de memoria emocional que nos autoimponemos cada pocos meses, hemos acabado decantando la balanza a favor de las siguientes -y estupendas, y difícilmente ordenables, e incluso discutibles- muestras de sugerente y verdadero cine:

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Americana 2024 (III): Las nuevas formas

Para completar nuestra andadura por el festival, vamos a centrarnos en un grupo de películas que deciden lanzarse de cabeza hacia los nuevos paradigmas cinematográficos: usan el digital, lo hacen evidente, mezclan formatos, deconstruyen narrativas… Cada una lo suyo, cada una en una medida distinta. Tan diversas son las aproximaciones como los resultados.

Y para comenzar, nos avanzamos al estreno de La bestia de Bertrand Bonello, una producción franco-canadiense en la que Gabrielle (Léa Seydoux) decide someterse a un tratamiento similar a la hipnosis regresiva con el objetivo de librarse de su lado más emocional y poder integrarse en un 2044 dominado por la inteligencia artificial. Una aproximación un tanto peregrina a su tema central, pero que da el juego necesario para reseguir la historia de la protagonista a través de ciento cincuenta años y tres vidas distintas. El tratamiento formal está sin duda cuidado y da el metraje para plantearse cuestiones de calado existencial sobre la humanidad, sus límites y naturaleza, sobre las líneas que estamos dispuestos o no a cruzar y sus implicaciones últimas… Pero también es cierto que el distanciamiento con el que Bonello enfoca su material dificulta que transpiren esas emociones que parecen ser parte central de la trama, y que cada uno de los segmentos se alarga más allá de lo deseable dejando que, ya sea dicha emoción, ya sea la reflexión que se puede extraer de ellos, se diluyan por el camino, porque en el fondo no hay tanto que contar. Son pues dos horas y media de película que no parecen completamente justificadas; y, aún así, hay que reconocerle a The Beast la ambición, el cuidado en sus imágenes y la sensación de desasosiego que, ésta sí, permanece una vez acabada la proyección.

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