Pasado ya el ecuador del festival, es un buen momento para soltar algo de lastre y ventilar varias películas de esas que nos generan crisis cinéfagas, que llegan a empañar algún día pero de las que, al final, tenemos que dejar constancia, porque quien no conoce la Historia está condenado a repetirla. Seremos breves para que las siguientes líneas sirvan de aviso para navegantes, pero no hagan más daño que quitar una tirita (pese a que la síntesis de la descripción puede crear una sensación agudizada de ensañamiento no siempre voluntaria).
Confesaremos así que Basileia de Isabella Torre es un soberano coñazo que pretende rellenar el minutaje necesario para configurar un largo a base de atmósfera paisajística, pero que en el fondo es tan solo una bella fotografía por la que se pasean actores mediocres, una trama de cortometraje y unas ninfas que juegan el reclamo de lo pagano, para finalmente caer por su propio peso porque no hay detrás material que lo sustente.
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