Crónica Sitges 2025 (VII): Más allá del nombre

Sin comerlo ni beberlo, es ya el segundo y último viernes del festival y se nos han acumulado algunos nombres conocidos en la parrilla. Pero va a ser precisamente la cinta más peligrosa la que nos va a proporcionar la propuesta más estimulante de esta jornada. Todavía sin saber esto, empezamos la mañana en el Auditori con la sala repleta para ver el Frankenstein de Guillermo del Toro, como ya dijimos una de las personas que más merecen adaptar nuevamente esta novela atemporal. Por eso nos causa sorpresa que la película nos deje bastante fríos. Tratándose de una temática tan cercana a la sensibilidad del director mexicano, resulta sorprendente encontrarse con una versión con la que conectemos tan poco a nivel emocional. Es una mezcla del exceso de espectacularidad, una estética demasiado limpia (tal vez por el hecho de estar fotografiada para Netflix) y un metraje a todas luces excesivo, con dos horas y media que dividen la película (no de forma muy acertada) entre el relato del doctor Frankenstein y el de la criatura. El Víctor de Oscar Isaac es verdaderamente odioso, pero no se le atisba el raciocinio de un genio, mientras que el monstruo de Jacob Elordi no llega a sentirse todo lo cercano que uno desearía. Tendiendo un puente entre los dos mundos se encuentra Mia Goth, de lo mejor de la función pese a su breve aparición. Paradójicamente, la que pensábamos que podía ser el culmen de la filmografía de Del Toro es posiblemente su obra más floja, que pese a los grandes decorados y el saber hacer del director, peca de una grandilocuencia que no se congratula con una historia que, principalmente, late desde el deseo íntimo y desesperado de un repudiado por ser aceptado y amado tal y como es.

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Crónica Sitges 2025 (VI): De entre los muertos

Mientras encaramos la recta final de esta edición de Sitges, nos damos cuenta de que un tema está permeando especialmente en el cine de este año: el duelo. El terror siempre ha ido aparejado con el enfrentamiento a la muerte, pero nos estamos encontrando muchas películas que tratan la forma en que aceptamos nuestro final y el de nuestros seres queridos, que desarrollan esos sentimientos desde un lugar personal y haciendo de ello el centro dramático de la narración. Sin ir más lejos, la inaugural Alpha, pero también Gaua, Mother of flies, Drácula, Esa cosa con alas (que estos días están presentando por aquí Benedict Cumberbatch y su director Dylan Southern)… así como las películas que nos disponemos a citar hoy.

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Crónica Sitges 2025 (V): De la humildad a la ostentación

Siempre hay ciertas películas que uno no sabe si le han gustado o no, o en qué grado. Es esa escala de grises que a veces no se disipa (si es que lo hace) hasta un segundo visionado. Nosotros esperábamos que bastara con unos días para aclarar la mente al respecto, pero a día de hoy todavía no tenemos claro qué pasa con Dawning de Patrik Syversen. Apadrinada por SpectreVision, la productora de Elijah Wood, esta cinta noruega comienza como un Bergman moderno, con tres hermanas reunidas en una casa de campo con la intención de dar apoyo a una de ellas, que ha intentado suicidarse. Como es de esperar, las tensiones están a flor de piel, y todo ello va fluyendo con interés, en el marco de un drama rodado en elegante blanco y negro de formato cuadrado. Pero, como también era de esperar estando en el festival que estamos, la película toma un quiebro (preferimos no desvelarlo), y es aquí cuando comienzan nuestras dudas; porque no tenemos claro si tiene demasiado sentido ese giro al género, si realmente era necesaria tanta construcción previa, si todo esto lleva a algún lado… Dawning consigue ser chocante en su estructura, sí, y también está bien dirigida, pero todavía no hemos discernido su foco, su propia razón de ser. Y eso no nos da muy buena espina…

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