Archivo de la categoría: Festivales

Crónica Sitges 2022 (VI): Feminidades desatadas

Hoy es festivo nacional, así que debemos pensar que los organizadores de Sitges habrán intentado colocar algún plato especial en la programación, para una jornada en que se prevé un buen número de espectadores. Así pues, empezamos encarando Watcher con el interés de ver a Maika Monroe en un rol protagonista, unos cuantos años después del que fuera su momento de oro con It follows y The guest, allá por 2014. En la película de hoy, se muda con su novio a Rumanía y, mientras intenta adaptarse a ese nuevo entorno, empieza a notar que está siendo observada. El enfoque es más de suspense que de terror y la directora Chloe Okuno se centra en la creación de una atmósfera fría, desangelada, que se cierne sobre su personaje y que aprovecha luego para generar un clima de dudas y paranoia. El interés de Watcher gira entorno a los posibles equívocos, a la alerta constante y al replanteamiento de la relación entre el observador y el observado. Bien es cierto que acaba por topar con una pared invisible que parece impedirle profundizar más en esta línea y la película desemboca en lugares menos sugerentes que los de su planteamiento, pero aún así resulta un esfuerzo encomiable de ambientación que Monroe sostiene prácticamente en solitario.

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Crónica Sitges 2022 (V): En la variedad está el gusto

Pasamos por el ecuador del festival intentando mantener una visión lo más ecléctica posible del panorama fantástico de este año y, aficionados como siempre al cine Prado y su sección estrella, Noves Visions, entramos a ver We might as well be dead. Se trata de un relato post-apocalíptico en el que no llegamos a vislumbrar nunca ni la razón del desmoronamiento ni el estado real del mundo exterior. Únicamente contamos con la noción de que la gente vaga desesperada por una tierra hostil y que trata de ser acogida a cualquier precio en unos bloques de pisos que representan el último reducto de civilización. Pero claro, las situaciones extremas llevan a extremos y la necesidad de seguridad genera sociedades que, bajo una capa de perfecta corrección y amabilidad, esconden latentes los instintos humanos más básicos. Así, la película de Natalia Sinelnikova cuenta con una ambientación interesante, formas austeras, y su manera de enfocar este subgénero de la ciencia ficción resulta atractivo. Pero también es cierto que la historia comienza a ser redundante hacia la mitad y, una vez ha quedado clara esa voluntad de exploración sobre la cotidiana semilla del fascismo, la película no consigue aportar mucho más sobre una idea que ya había quedado suficientemente desarrollada, al menos con los ingredientes que ella misma plantea. Tan solo queda dar vueltas sobre conceptos ya presentados o añadir anécdotas referidas a personajes episódicos y la sensación final es un tanto agridulce pese a los valores intrínsecos de la cinta.

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Crónica Sitges 2022 (IV): El peso del recuerdo

Nuestro paso por el Festival de Sitges trae consigo el visionado de decenas de películas. Y, ante la disparidad de calidades, siempre tenemos el dilema entre abreviar a la hora de contarlo e intentar sacar el máximo jugo a nuestra experiencia para guiar al lector. Vamos a intentar quitar de en medio algunas cintas que vimos en la transición entre las dos semanas del certamen para aligerar un poco de lastre. Diremos así, por ejemplo, que la muy comentada Speak no evil de Christian Tafdrup contiene el más absoluto vacío, tras dos primeros tercios de cinta bien dirigidos y en los que la construcción de un ambiente incómodo y enrarecido está realmente conseguida. Sin embargo, se despeña cuando intenta transmitir su potencialmente interesante tesis sobre la sumisión, traicionando a sus propios personajes y a las más básicas reglas de la verosimilitud. En este caso, el fin no justifica los medios. Por su parte, la animación minimalista de Dozens of Norths, en que el norte es en realidad un ente figurado, de mundos solitarios y búsqueda interior, presenta una colección de paisajes sugerentes y melancólicos, pero en los cuales la animación juega un papel más bien pobre y es lastrada por sempiternas líneas de texto. Queda la sensación de que el fílmico no era el medio adecuado para el material de Koji Yamamura, que sin embargo conformaría un estupendo libro ilustrado o cómic alternativo (por momentos vienen a la mente las obras de Shaun Tan). Por último, Something in the dirt supone un paso atrás en la filmografía de Justin Benson y Aaron Moorhead (que nos habían convencido con El infinito -2017- y Synchronic -2019-). Es una historia pequeña de fantasía y conspiranoia, en la estela espiritual de Lo que esconde Silver Lake (David Robert Michel, 2018), pero que se hace eterna. La pareja protagonista (los mismos artífices de la película) están tan desconectados no sólo de la realidad, sino entre ellos mismos, que al final el que mira también acaba por desconectar de la película. Una lástima.

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