4 westerns para el siglo XXI

Tras la cancelación, en vistas del batacazo comercial de su primera parte, del estreno en cines de Horizon: An American Saga – Capítulo 2, nos hemos quedado huérfanos de esta nueva intentona por traer de vuelta el western a la gran pantalla y al candelero cinematográfico. Como corriente genérica, las películas del Oeste llevan décadas muertas, eso no es un secreto para nadie. Pero aún así, pudimos vivir en su momento archiconocidos taquillazos como el de Bailando con lobos, del propio Kevin Costner (1990), o el Sin perdón de Clint Eastwood (1992), dos películas que consiguieron, por sí solas, generar un goteo de cintas que, sin ser abundantes, conseguían funcionar razonablemente bien en la taquilla. El tiempo pasó y el ritmo fue decayendo, o en todo caso generando menos ruido entre las audiencias (prueba de ello es una vez más el otro gran western de Costner, Open Range -2003-).

Y así hasta llegar a una época actual en la que, a primera vista, el género se encuentra totalmente fuera de combate. El sonoro fracaso (a falta de ver si el impacto en las plataformas de streaming resulta suficiente para enmendarlo) del último proyecto épico de Costner no parece sino añadir un clavo más al ataúd del cine de vaqueros. Así pues, nos parece un buen momento para sacar el cincel y escarbar entre lo que el western ha dado de sí en los últimos años, para comprobar si está verdaderamente muerto o tan solo de parranda indefinida. Aquí va una muestra de cuatro cintas, que pretende intentar ayudar al lector a sacar sus propias conclusiones sobre tan delicada cuestión:

Appaloosa (Ed Harris, 2008)

Para su segunda película como director, el estupendo actor Ed Harris se hizo acompañar por Viggo Mortensen (que por cierto acaba también de dirigir su propio western, si bien existe un animado debate sobre su grado de adscripción al género), y firmó un solidísimo relato ambientado en el Nuevo México de finales del siglo XIX y protagonizado por un sheriff y su fiel asistente. De fuerte componente dramático, triángulo amoroso incorporado con Renée Zellweger de por medio, y con Jeremy Irons aportando dosis adicionales de tensión, fue un soplo de aire fresco para los que casi nos habíamos olvidado de que existía el Salvaje Oeste, todo ello sin renegar de un corte de costuras marcadamente clásicas.

Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015)

La popularidad que suelen alcanzar las películas de Tarantino hace que incluir ésta en la lista casi parezca hacer trampa, pero es un hecho que, si alguien ha contribuido a que el género no parezca extinto por completo, es el cineasta de Tennessee. Tras otra peculiar incursión en el mismo con Django desencadenado (2012), en su octava película Tarantino optaba por una pieza eminentemente de cámara, pero que sin embargo tenía un mayor aliento a western puro, sin olvidar por ello las habituales señas del director. Prueba de cargo es que la banda sonora la firmara el mismísimo Ennio Morriconne. Con un reparto estelar como siempre y lleno de habituales del director (Samuel L. Jackson, Tim Roth, Michael Madsen…), su historia parecía apostillar cómo el nacimiento de la nación americana estaba inevitablemente marcado por las mentiras y el derramamiento de sangre.

La balada de Buster Scruggs (Joel y Ethan Coen, 2018)

Sin duda tratando de evitar los referentes clásicos (por más que ya contaban en su currículum reciente con una estupenda versión de Valor de ley -2010-, que bien podría ocupar su puesto en esta selección), los hermanos Coen decidieron juguetear con un género que sin duda ha influido sobremanera en su extensa filmografía. Y para redactar su particular carta de amor al mismo, escogieron el formato de la antología, con cargo a cuenta de Netflix. Con fragmentos que van desde el atraco festivo hasta la tragedia del marginado social, pasando por el minimalismo y la pieza puramente dialogada, el tono general se encuadra mayoritariamente en la comedia, pero sin duda dibuja un fresco variado y cuyo ánimo es el de insuflar vida a un cine que resulta en su mayoría marciano a la generación de las plataformas digitales.

Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, 2019)

Se podría crear un listado aparte con las cintas que, sin serlo estrictamente, reproducen temáticas y formas de una manera tan intensa que, cambiando poco más que el vestuario, podrían trasladarse a Monument Valley y presentarse como westerns canónicos. Tal vez el caso más evidente de ello no sea Bacurau, con un catálogo de personajes y ciertos elementos que bordean la ciencia ficción que pueden despistar al espectador a primera vista. Pero su ambientación desértica y fronteriza, la sempiterna ley del más fuerte y la reinvención del clásico tema del poblado que debe resistir al asalto de los malhechores, convierten este peculiar thriller en un western contemporáneo en toda regla, que demuestra que la sangre del género corre con intensidad por multitud de vasos secundarios.

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