Para completar nuestra andadura por el festival, vamos a centrarnos en un grupo de películas que deciden lanzarse de cabeza hacia los nuevos paradigmas cinematográficos: usan el digital, lo hacen evidente, mezclan formatos, deconstruyen narrativas… Cada una lo suyo, cada una en una medida distinta. Tan diversas son las aproximaciones como los resultados.
Y para comenzar, nos avanzamos al estreno de La bestia de Bertrand Bonello, una producción franco-canadiense en la que Gabrielle (Léa Seydoux) decide someterse a un tratamiento similar a la hipnosis regresiva con el objetivo de librarse de su lado más emocional y poder integrarse en un 2044 dominado por la inteligencia artificial. Una aproximación un tanto peregrina a su tema central, pero que da el juego necesario para reseguir la historia de la protagonista a través de ciento cincuenta años y tres vidas distintas. El tratamiento formal está sin duda cuidado y da el metraje para plantearse cuestiones de calado existencial sobre la humanidad, sus límites y naturaleza, sobre las líneas que estamos dispuestos o no a cruzar y sus implicaciones últimas… Pero también es cierto que el distanciamiento con el que Bonello enfoca su material dificulta que transpiren esas emociones que parecen ser parte central de la trama, y que cada uno de los segmentos se alarga más allá de lo deseable dejando que, ya sea dicha emoción, ya sea la reflexión que se puede extraer de ellos, se diluyan por el camino, porque en el fondo no hay tanto que contar. Son pues dos horas y media de película que no parecen completamente justificadas; y, aún así, hay que reconocerle a The Beast la ambición, el cuidado en sus imágenes y la sensación de desasosiego que, ésta sí, permanece una vez acabada la proyección.
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