L’Alternativa 2024 (II): En busca del tiempo perdido

Lo que tiene ausentarse de un lugar querido es que, cuando uno vuelve, tiene la compulsión -tan innecesaria como imposible de satisfacer- de recuperar lo que se ha perdido; de tener la sensación de que, pese a todo, siempre ha estado allí. Y si hablamos de L’Alternativa, donde además se nos presentan cada año cineastas y cines que nos eran desconocidos hasta el momento, la tarea se vuelve quimérica. Sin embargo, el Festival nos da una buena herramienta para tirar de archivo y, sin ánimo completista, ni tan siquiera sistemático, intentamos recuperar películas de diversos años que expandan un poco nuestro bagaje y calmen esas ansias estúpidas. Como muestra de que hasta en un certamen de dimensiones moderadas como éste es imposible seguir todos los caminos de la programación, no asistimos a una sola sesión del foco que le han dedicado al director mexicano Nicolás Pereda, el más amplio de todas las secciones paralelas. Queda anotado, pues, para recuperarlo en otro momento, como tantas otras cosas. En cambio, sí hemos asomado la cabeza a los espacios dedicados a los realizadores invitados como Satèl·lits en esta Alternativa.

Por ejemplo, nos hemos colado en las cartas blancas que el festival ha prestado a la animadora Isabel Herguera y al director de fotografía Mauro Herce. La primera, hace un recorrido por cortometrajes de animación de diversas técnicas y épocas, de entre los que nos llama especialmente la atención la breve animación abstracta de Free radicals (Len Lye, 1958), realizada mediante el rallado del negativo, y que nos hace recordar a los animadores experimentales de la Alemania de los años 20 y 30; o la apabullante Moznosti dialogue (Jan Švankmajer, 1982), que se pone alegórica sin perder el sentido del humor ni la crítica social mordaz, con un stop motion que es de verlo para creerlo; o La voix des sirènes (Gianluigi Toccafondo, 2023), en que la historia queda absorbida por unos colores desatados y cuerpos mutantes; para concluir con un par de trabajos de la propia Herguera, Ámár y La mujer ilustrada, que son una muestra de su personal estilo y que nos motivan a tratar de recuperar su único largo hasta la fecha, El sueño de la sultana, que se presentó en la anterior edición de este Festival.

En el caso de Herce, se decanta por dos mediometrajes. Uno, L’Ordre de Jean-Daniel Pollet (1973), revisita la isla de Spinalonga, en Creta, donde años ha se encerraba a los leprosos en un acto de clara deshumanización del enfermo. El trayecto por el antiguo asentamiento, en su momento ya ruinoso, se combina con la entrevista a uno de los pacientes que vivieron allí durante años. Por más que acaba resultando un tanto árida y reiterativa, la película es interesante por la dureza del tema y la desnudez del tratamiento, con una concepción del espacio que recuerda por momentos al Resnais documentalista. Tpacca (Sergey Dvortsevoy, 1999), por su lado, sigue a una familia que recorre las carreteras de Kazakhstan presentando su peculiar circo ambulante, consistente en modestos números de dudoso gusto, bajo coste y poco saludables. Se trata de un documental fascinante, que consigue capturar con gran naturalidad unas estructuras familiares y vitales tan ajenas a nosotros como cercanas se nos hacen por obra y gracia de una habilidosa narrativa y la espontaneidad de los sujetos que retrata. Imprescindible.

Del mismo Mauro Herce, L’Alternativa recupera su único largometraje como director hasta la fecha, Dead Slow Ahead (2015). Ya le echamos el ojo en su día y nos quedamos con ganas de verlo: no sabemos si es una alucinación nuestra, pero juraríamos que llegó a proyectarse en el Festival de Sitges. Lo cual tendría su sentido, por peregrina que pueda parecer la asociación, porque Dead Slow Ahead sigue la travesía de un carguero durante varios meses y, mientras testimonia la soledad del mar y las costas desconocidas, extrae un aliento casi fantástico a los paisajes naturales e industriales. A Herce le fascina la extrañeza que genera la desnudez y escala de lo mecánico en relación a la exigua tripulación del barco, la alienación de tintes ascéticos que se palpa en el trayecto, las texturas de lo inmenso e impasible… Acompañada de una banda sonora que torna los ruidos de la maquinaria en música ambiental, se trata de un documental que, como comentaba su director, se inclina hacia la poética antes que hacia la narrativa, cuyo núcleo se halla en la inmersión en un entorno de ecos casi alienígenas. Y así, pese a lo radical de su planteamiento, con esa demora en los espacios, evitando los asideros y escatimando diálogos, consigue crear un trabajo hipnótico, que se alza como una de las muestras de documental más fascinantes que recordamos en los últimos años.

Para completar esta panorámica de directores que han sido importantes en la historia de L’Alternativa, las programadoras han invitado a Isaki Lacuesta. Aprovechamos para asistir, junto con no más de una treintena de personas, a una selección de sus cortos, que nos llaman la atención por la dificultad de visionarlos por cualquier otro medio (al punto de que uno de ellos, Los puntos cardinales, parece tener una política de derechos casi incomprensible). Se trata, en cualquier caso, de propuestas de marcado carácter experimental, todas ellas con algún aliciente propio, como la extraña trama de imágenes aumentadas que envuelve a Microscopies (2003), la sátira política casi punk de La matança del porc (2012), que nos devuelve por momentos a la época del 15M, el recuerdo de la censura en democracia de la mencionada Los puntos cardinales (2020) y la excepción autobiográfica alimentada por los viajes del realizador de Où en êtes-vous, Isaki Lacuesta? (2019). No nos duele decir que, pese a todo, nos parece mucho más atractivo el trabajo del director en el terreno del largometraje. Y, con curiosidad por saber qué aspectos centrarán la charla, nos acercamos a la masterclass que da a continuación de la proyección por invitación del festival, y como ya han hecho antes sus compañeros Isabel Herguera y Mauro Herce.

Lacuesta intenta transmitir la filosofía personal que sigue a la hora de construir su cine, pone en valor las estructuras alternativas a la aristotélica y habla bastante, en consecuencia, de Los pasos dobles (2011), la película que se proyectará a continuación y que le valió en su día la Concha de Oro de San Sebastián -no sin polémica, precisamente por esa incomprensión de lo diferente que impregna en ocasiones incluso los entornos más supuestamente cinéfilos. Pasamos el rato escuchándole ponderar la tradición oral o reivindicando con entusiasmo la figura de Raoul Ruiz (cuya Les trois couronnes du matelot -1983- ha escogido para su carta blanca) y, a la que nos descuidamos, han pasado las dos horas programadas para la conversación. En esto sí que resultan cartesianos incluso el director y la organización, y como tampoco hay una razón de peso para quejarse por ello, nos vamos a cenar con la satisfacción de constatar que no ha habido comentario ni pregunta alguna en relación a la preselección para los Oscar de su última película, Segundo premio; algo que, tanto al público de aquí como seguramente al propio director, les importa tirando a poco, porque lo verdaderamente importante se halla en otros lugares.

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