Debería abrirse una investigación sobre nuestra dificultad para mantenernos durante más de una proyección sin echar una pequeña cabezada, da igual si la cinta es buena o mala (una problemática más extendida de lo que parece entre los asistentes al festival); por el momento, para explorar el tema van saliendo películas como Sleep, que son seguramente más interesantes… Ópera prima de Jason Yu, en ella una pareja ve como su vida zozobra cuando él empieza a tener problemas de sonambulismo. La situación se va volviendo cada vez más inquietante conforme los episodios se vuelven más violentos, sobretodo teniendo en cuenta que la protagonista está a punto de tener un niño… Es un interesante planteamiento que da para una película realizada con tino, que consigue transmitir eficazmente la sensación de peligro (cosa difícil a estas alturas de la vida) e interpretada con el habitual convencimiento e intensidad de los actores coreanos. Cuenta, además, con un buen giro en el último acto que, si bien algo abrupto, pliega la película sobre sí misma añadiendo una nueva capa de pintura que, aún sin convertirla en algo memorable, completa una carrocería sin fisuras. Al público le encanta y habla de ella durante todo el fin de semana; nosotros, mientras tanto, nos quedamos algo enfurruñados sin entender cómo el cine de terror está tan plagado de personajes capaces de domirse hasta de pie aún bajo peligro de muerte.
De lo bueno a lo mejor; con tiempo para un buen descanso obra y gracia de la reducción de tiquets para prensa que hemos sufrido este año, volvemos al cine Retiro para ver Propriedade de Daniel Bandeira. Thriller de clase, ilustra un violento choque entre estratos sociales en el Brasil de las fazendas. Con nervio, drama y una incómoda mezcla de puntos de vista (la propietaria atrincherada de un lado, los granjeros en revuelta del otro) es, en última instancia, el retrato de una sociedad que se empeña en perpetuar una situación de desigualdad insostenible. Sería hacerle un flaco favor a la película pormenorizarla aquí en exceso: es, al fin y al cabo, de construcción sencilla pero desarrollo modélico; y nos alegramos de que nos la hayan vendido con el gancho de contar con parte del equipo de la explosiva Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, 2019). Más allá de la fotografía, parece que las coincidencias se centran en el equipo de producción. Los planteamientos y similitudes temáticas entre ambas resultan bastante evidentes, pese a las igualmente notables distancias. ¿Sigue tal vez vivo aún el concepto de productor-autor? Sería una gran noticia. Propriedade acaba resultando, en cualquier caso, una de nuestras favoritas absolutas de esta edición.
Y otra de las más comentadas este año es nuestra película de noche-madrugada, Late night with the devil. Si bien sus directores, los hermanos Cameron y Colin Cairnes, no son nuevos en estas lides, parece sin duda que con su última producción han conseguido dar un salto cualitativo, generando entre el personal expectativas muy positivas de cara al futuro. Cuidado experimento que juguetea con el metraje encontrado, mezclando lo que se supone es la grabación real de un programa de variedades nocturno con escenas que ocurren en los márgenes de la emisión, Late night with the devil no sólo triunfa en su cuidada reconstrucción del estilo televisivo setentero, sino que (re)crea su propia mitología alrededor del satanic panic y el boom de lo paranormal, a la vez que extrae una solidísima actuación de su protagonista, David Dastmalchian (por lo visto, un aficionado a lo oculto y escritor en la revista Fangoria). Ideal para los amantes de la cultura pop y lo sobrenatural, sus salidas formales acaban de darle vida a la estupenda recreación, y lo bien cerrado del conjunto quedará finalmente reflejado en el palmarés de este año, al serle otorgado el Premio al mejor guión (escrito por los propios realizadores) de la Sección Oficial. No cabe duda de que es una de las películas más festivaleras que se han proyectado en esta edición, por más que sólo haya rascado el prime time del sábado noche en la modesta sala Tramuntana.



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